Hendrix: Más allá de la neblina morada

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Por Alejandro González Castillo

Jimi Hendrix
Valleys of Neptune
Sony Music, 2010

9.0

El cuerpo de James Marshall Hendrix abandonó el planeta repentinamente, dejando un listado de composiciones en proceso de maduración. Y pese a que el guitarrista sólo grabó tres álbumes, un ataúd no ha impedido que su catálogo en las tiendas de discos permanezca en engorda desde hace cuarenta años. La tendencia permanece intacta hoy, porque hay un disco “nuevo†del zurdo, titulado Valleys of Neptune.

¿Qué tenemos esta vez? Canciones registradas en las máquinas de los estudios Olympic y Record Plant entre 1967 y 1969, y algunos retoques realizados en los Air Studios, durante 1987. Ciertos tracks fueron grabados con la ayuda de Mitch Mitchell y Noel Redding en la batería y el bajo respectivamente –es decir, The Jimi Hendrix Experience– y otros con la de Billy Cox en las cuatro cuerdas.

Toda la obra fue resanada por las manos de Eddie Kramer, el principal camarada de Hendrix tras la consola. Varios temas ya pasaron lista en la discografía oficial de Jimi. “Stone free†es uno de ellos, sólo que la versión presentada aquí luce lenta si se le compara con la que fue prensada como lado B del sencillo “Hey Joeâ€. Lo mismo ocurre con “Red house†(prensada originalmente en Are You Experienced?), un blues que anda a gatas, lascivo y perturbador, con un final que se desvanece agotado después de ocho minutos. En sentido opuesto se encuentra “Fireâ€, una versión trepidante grabada horas antes de que los músicos ofrecieran un concierto en el Royal Albert Hall.

Por otro lado, hay composiciones que no esconden sus orígenes y que por ello resultan atractivas, como “Hear my train a comin´†–un apéndice de “Voodoo child (slight return)†– y “Mr. bad luckâ€, producto del amasiato entre “Fire†y “Purple hazeâ€.

Hay un par de tracks que los coleccionistas apreciarán: “Sunshine of your love†y “Bleeding heartâ€. El primero es una versión instrumental del clásico de Cream, con la participación del percusionista Rocki Dzidzornu en armonía con el atascado fuzz de Redding. Improvisación libre y salvaje. Ãcido puro, del que carcome el paladar. En cuanto a la versión de Elmore James, se trata de uno de los mejores momentos de un disco que desgraciadamente cierra con un tosco fade out.

Y es que Valleys of Neptune es una colección de composiciones con numerosos compases en “blancoâ€, así como finales abruptos. Ahí están “Ships passing through the night†y “Crying blue rain†para certificarlo; dos temas nunca antes escuchados que se muestran descaradamente inacabados. Uno de ellos incluso fue completado por Redding y Mitchell en los años ochenta, cuando el cuerpo del autor ya era polvo cósmico.

Esto es lo que la familia Hendrix nos ofrece: Gérmenes de lo que pudo ser y, claro, momentos de genialidad. Lo poco que queda del visionario guitarrista. Aunque Kramer ya declaró que aún hay suficiente material guardado como para seguir editando discos en los próximos diez años, quién sabe si la noticia deba festejarse o si resulte mejor resguardar las orejas en los sicodélicos surcos de la neblina morada.