2011: Odisea en el espacio de Björk
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Con una carrera que se extiende ya por varias décadas, Björk vuelve a acaparar la atención con Biophilia, su octavo larga duración.
Por Violeta Mayer Lux
A la cantante islandesa ya se le ha visto presentando este material cubierta en un extravagante vestido azul, mientras luce un cabello que parece un gigante y anaranjado algodón de azúcar.
La mujer lleva la excentricidad en las entrañas, por lo que pedirle explicaciones estaría de más. Sin embargo, Biophilia no deja pasar por alto el debate acerca del punto en que la innovación y originalidad artística se saturan e irrumpen en el terreno de lo pretencioso y desagradable.
Hay ciertas cualidades que sin duda resaltan a lo largo de la obra de Björk: El sonido de su voz, la dicción al enunciar y el colorido personal de sus arreglos. Durante sus siete discos de adulta, la cantautora ha llegado a dominar con destreza los arreglos vocales, orquestales y electrónicos. En Biophilia decide retornar a la sensación sonora de Medúlla, haciendo de las cuerdas vocales el nudo central del concepto. La temática de este lanzamiento se basa en la relación hombre- naturaleza y en el reflejo de los ciclos del universo sobre lo cotidiano.
Más que un disco, Biophilia es una obra conceptual donde lo musical no parece ser el fin, sino un medio. En su desnudez, la música del disco es interesante, aunque no al punto de ser novedosa. Las líneas vocales tienden a visitar lugares comunes en el vasto catálogo musical de la cantante. Los arreglos –minimalistas y precisos– tampoco logran aferrarse a la primicia. La música es un planeta más en un universo que sí alcanza el estrato innovador. Biophilia no es sólo para escuchar, sino para experimentar. Por ello se canaliza su expresión a través de un app para iPad que bien podría cumplir con los estándares de una instalación multimedia en una galería de tecnología audiovisual. El programa madre nos presenta a Biophilia como una especie de sistema solar en el espacio, donde las canciones flotan en forma de planetas. Cada canción cuenta con su propia app, que incluye una descripción de la obra, la letra, notación tradicional y animada, además de un juego interactivo que permite la manipulación parcial de cada canción.
“Moon” se refiere en arpa y voz a cómo los ciclos de la luna se entrelazan con los ciclos de la vida. “Thunderbolt” se inspira en los rayos y “Cosmogony” en el sistema planetario. “Dark matter” ahonda en la soledad, mientras “Sacrifice” en todo lo que las mujeres hacen por amor. Pero la extravagancia de Biophilia no se limita a la interfaz. A Björk no le bastó con la ilimitada variedad sonora de la tecnología digital, y prefirió agregarle metal y madera de verdad al midi. Así, mandó a hacer un gameleste (un híbrido de ensamble gamelan y celesta) e incorporó un arpa péndulo y un sharpsichord. El universo de personas que tendrá acceso todas las dimensiones de la odisea en el espacio de Björk está limitado por el acceso a una tecnología de élite. Aún así, el nicho de gente que genuinamente disfrutará de la experiencia multi sensorial es significativo dentro de un universo donde las extravagancias se desvanecen en un infinito sideral.
Björk
Biophilia
One Little Indian / Universal, 2011














