Steve Vai y yo amamos la música
Publicado en/// La Miscelánea
Hace unas semanas cenaba con una amiga en un horrible restaurante “italiano”; esa noche, la conversación giraba sobre el sentido de hacer crítica musical y la autoridad moral del crítico para descalificar la obra de un músico quéimportaquién. En algún momento, mi amiga usó como argumento el clásico y arrebatado: “Tú eres crítico porque eres un músico frustrado”. Inmediatamente, 4 o 5 neuronas en mi cerebro se pusieron de acuerdo para rebatir un argumento tan facilón, después se unieron otras más y de pronto quedé atrapado en mis propias reflexiones y no tuve otra opción que aceptarlo: Mi amiga, además de tener la boca llena de espaguetis, la tenía de razón.
Por José Ángel Balmori
Seguro habrá grandes críticos de música que además sean grandes músicos, ¿no? (me viene a la mente Ira Kaplan, de Yo LaTengo), pero, ¿de dónde viene el crítico de rock?¿Por qué escribe sobre música y no está haciendo telenovelas o archivando facturas? Bueno, en mi caso tiene que ver efectivamente con que quería ser rockstar, pero pronto descubrí que no hay nada más triste que ver a alguien sin talento persiguiendo el arte como una lenta y torpe sanguijuela; y tampoco hay nada más dulce que ver a un esquizofrénico como Daniel Johnston entregando al mundo hermosas canciones. O sea, con la música es así: LOTIENES O NO LOTIENES, y si uno no lo tiene, es mejor no estorbar e integrarse a ella por otro lado.
La música es esta fuerza tan impactante que cuando verdaderamente te enamoras de ella te enreda para toda la vida, y quieres estar ahí, no vas a perdértelo. Sabes que no quieres pasarte la vida como tu papá, así que encuentras la manera de permanecer en la ola: te vuelves Dj o coleccionas toneladas de discos y ácaros, o pones una tienda de guitarras o te vuelves crítico de rock o dejas tu cabello largo después de los 40, que es cuando ya luces ridículo con él. NUNCA DEJAS LA MÚSICA. Cuando amas algo de verdad, no puedes concebir tu vida sin ello, sabes que vas a encontrar la manera de estar ahí siempre, y puede que la forma que
encuentres no sea la que habías soñado, pero también sabes que necesitas de ello para seguir adelante.
A mí la música nunca me decepciona, siempre encuentro algo opiáceo y torcido en ella, es una clase de energía cósmica que pasa a través de los seres humanos y los hace hacer cosas extrañas y maravillosas (Brian Wilson) u horrorosas (Coldplay). Porque la música es como el amor, le pertenece a todos, todo el mundo tiene derecho a ella y siempre está ahí: la gente se casa con música, tiene sexo con música, y cuando eres un pequeño y horrible feto ya oyes latir el corazón de tu madre, que de alguna manera también es música. Yo escribo de música porque la amo, tanto como Steve Vai ama tocar esos horribles e insoportables solos de guitarra; probablemente Steve Vai y yo amamos la música con la misma intensidad.
Si a alguien le apasiona algo de verdad, no debería dejarlo, debería construir las condiciones para poder seguir disfrutando y compartiendo lo que ama. ¿No se trata de compartir, muchachos? ¿De grabarle cassettes a las novias? ¿De ver qué canción pones en tu boda? ¿O la canción que te recuerda a tu mamá? ¿No se trata de la vida también? Para mí sí, y hago lo que puedo, para mí siempre se ha tratado de lo mismo, I am what I am.
P.D. Hice esto para mi amiga Pilar Ortega que fue la primera persona que me dio un espacio para escribir de música hace muchos años; yo todavía tenía cabello.






