Del por qué no le entré al grunge

Publicado en/// La Miscelánea

Desde pequeño puedo jactarme de ser un melómano compulsivo; mientras mis amigos jugaban con los action figures de Star Wars, yo lo hacía con una pequeña tornamesa portátil que me regaló mi padre.

Por Javier Audirac

Cuando corrían los primeros días de 1992 y era un entusiasta preparatoriano con toda una vida por delante, todos clamaban un nuevo movimiento venido de Seattle. Los temas en turno que causaron mi aversión absoluta fueron “Even flow”, de Pearl Jam, y “Smells like teen spirit”, de Nirvana, y no faltaba quién los tocara a mi alrededor desde las primeras horas del día hasta bien entrada la noche.Yo me encontraba bastante ocupado por aquellos días navegando con Bauhaus y Joy Division, tratando de descifrar el secreto guardado en los primeros álbumes de Pink Floyd (de The Piper… a Meddle), preguntándome por qué Peter Gabriel había abandonado Genesis casi 20 años atrás y, como buen neófito ocioso, maravillado con la extravagancia del Messe pour le Temps Presents de Pierre Henry y Michel Colombier.

Decían que el grunge era una revolución musical, pamplinas. Me enardecía sobremanera escuchar a Pearl Jam, los hippies habían muerto muchos años atrás, qué pereza escuchar cantar a Eddie Vedder y Scott Weiland. ¿Nirvana? Una copia apresurada de Pixies… aunque a éstos el paso de los años les ha dado su justo lugar, pues Cobain era grande después de todo. Alice in Chains se salvaba de la quema por su densidad, y Soundgarden eran metaleros fuera de lugar.

Vestigios
Tuve una efímera reconciliación con el género hace tres años, en el Festival Motorokr, después de la patética actuación de mis queridos Flaming Lips, donde Wayne Coyne tomó como fuente de inspiración las técnicas de canto de Saúl Hernández; el directo de StoneTemple Pilots me supo a gloria, aunque el año pasado al verlos de nueva cuenta en vivo, todo volvió a la normalidad.

A casi 20 años de distancia, las aguas tomaron su buen curso, y bien puedo escuchar a Nirvana, Mad Season o Soundgarden y recordar con nostalgia mi adolescencia, incluso tararear la melodía; lo que no he podido superar hasta la fecha es sentir esa desagradable punzada en la boca del estómago en cuanto percibo los primeros acordes de cualquier tema de Pearl Jam, y a decir verdad espero que nunca ocurra lo contrario.