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mew   Glass, ahora en trío

Eduardo Rodriguez Z.
Foto: Fernando Aceves

 

La vez pasada que Philip Glass vino a México fue para presentarse en un evento denominado “Música por la Vida”. Pero hace unas semanas regresó a nuestro país para reinventar su propia música con un nuevo proyecto, del cual nos habló detalladamente.

 

Philip, ¿qué te trajo a México esta vez?
Regreso con una nueva inquietud: un ensamble para trío, con chelo, percusión y piano. Es un tipo de música más íntima de la que han escuchado de mí en el pasado. A pesar de que hemos hecho esto en espacios grandes, ahora lo adaptamos para un espacio más pequeño. Es una experiencia nueva para nosotros también.

Siempre te muestras entusiasmado por experimentar…
Con esta música, que es de cámara, hay una comunicación fuerte entre director y músicos. Nuestra chelista tiene un papel esencial en este ensamble. El percusionista es maravilloso; él toca y escribe, lo cual es difícil de encontrar. Y para el pianista también hay novedades, como una pieza que tocamos él y yo a cuatro manos, es algo maravilloso también.

¿Estás hablando de ejecutar material nuevo o viejo?
El repertorio es de los últimos 4 años, lo que significa que es muy reciente. Música antigua que era para piano y chelo, adaptada a una pieza moderna. Por cierto, el chelo con el que tocamos esta vez tiene 400 años. Fue hecho en el estudio de Stradivarius, en 1620, aproximadamente.

¿Qué sonido se logra con este chelo?
El chelo se hizo antes de que Bach naciera, es posible que se hayan tocado piezas de él cuando fueron recién hechas. Es tan grande su sonido que aunque es un trío parece un cuarteto. El chelo tiene una personalidad única.
Nadie sabe por qué un Stradivarius es tan especial. Puede ser por su madera o por el barniz. La pieza del chelo que tocamos fue compuesta en 2001 para que tocara Yo-Yo Ma y aquí la retomamos con otros matices.

¿Cuánto tiempo llevan tocando como trío?
Se trata de un programa que iniciamos hace tiempo, hemos tocado juntos desde hace como cinco años. Es interesante ver todo lo que podemos crear. Esta adaptación de música de cámara ha sido muy interesante; mucha de mi música se ha podido acondicionar para un espacio más pequeño.

Hablando de tu percusionista, Steve Reich, él es sumamente conocido, ¿de qué manera se suma a tu obra?
Las percusiones salen en sinfonías y óperas, no son orientadas al ensamble. Él es un músico versátil que toca piano y percusión y eso lo hace más interesante. También toca la marimba y un pequeño tambor africano. Disfruto mucho tocar con él, pues improvisa bien y aparte es un excelente jazzista.

Te conocemos como un músico en constante movimiento, pero en este ensamble es diferente…
No sé si sea tan diferente. Después de escuchar este acto se darán cuenta de que tiene el sello Philip. En un programa así, encuentro más balance y más libertad y puedo empezar a contrastar mejor mi música. Digamos que veo un panorama mucho más amplio para expresarme.

Sabemos que profesas diferentes religiones, ¿qué peso tiene lo espiritual en tus obras?
Hay muchas religiones, y es también por eso que quizá no tenga ninguna. La cultura de cualquier civilización se expresa de diferente manera, gracias a su propio lenguaje, su música o su manera de vestir. El arte es la forma en que la gente experimenta el mundo que le rodea. Tarde o temprano, eso es lo que me interesa: aprender de otras culturas. Estoy muy interesado, por ejemplo, en México, su historia y su cultura. Cuando escribí Tótem, en 2004, mi intención era que sonara mexicana, pero no suena a eso, suena a Philip. Pido perdón por no haber llegado al fondo con mi pieza mexicana. Seguiré estudiando para hacer una pieza realmente mexicana.

Por último, hablemos del chelo. ¿Qué emoción transmite un instrumento tan fascinante como éste?
El chelo es un instrumento único, incluye todas las notas de la gama de voz: desde la nota más alta hasta la más baja. Ni el violín, ni la viola o el saxofón lo pueden hacer. Con el chelo podrías llegar a desmayarte de placer al escucharlo. Cuando un compositor se involucra tanto con su músico se vuelve algo muy personal; Wendy, la chelista, ha hecho un clic muy especial conmigo. Son relaciones muy ricas que se vuelven un lujo. Tocar con virtuosos es un experimento muy grande en la vida.

DISCOGRAFÍA BÁSICA DE PHILIP GLASS
Einstein on the Beach (ópera, 1976)
Satyagraha (ópera, 1980)
Glassworks (1982)
The Photographer (1982)
Akhnaten (ópera, 1983)
Koyaanisqatsi (OST, 1983)
Mishima (OST, 1984)
The Making of the Representative for Planet 8 (ópera, 1985–1988)
Anima Mundi (OST, 1992)
Orphée (ópera, 1993)
La Belle et la Bête (ópera, 1994)
Heroes Symphony (1997)
Kundun (OST, 1997)
Music with Changing Parts
Music in Twelve Parts
Hydrogen Jukebox (libreto de Allen Ginsberg)
The Hours (OST, 2002)

 
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