La letra con Pedro entra

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El pop chileno atraviesa por un buen momento y Pedro Piedra, tras un debut afortunado y extrañamente original, regresa con Cripta y Vida.

Por ello platicamos con él, en medio de un ensayo en el que se encontraba con Javiera Mena… Jorge González (Los Prisioneros) debe estar orgulloso de sus pupilos.

Por Alejandro Mancilla

Es evidente que no te limitas a la fórmula de verso y estribillo fácil. ¿De dónde vienen tus letras?
De chico leí mucho, pero no tengo influencias de autores, sino que me obsesiona que mis letras se traten de algo. A veces me paso meses pensando en una letra; de repente escucho una canción de James Brown y… ¡prau! A veces se abusa de la economía de recursos; la gente ya se acostumbró.

Se notan las influencias de The Beatles.
Claro, yo los escuchaba de chico. ¿Mi Beatle favorito? Me laten todos por separado, pero Lennon y McCartney son tan distintos que cuando se juntan son equivalentes.

Y de artistas hispanoparlantes, ¿quién te gusta?
Fui muy fan de Los Prisioneros y escuché mucho a Charly García y a Los Jaibas, un grupo andino psicodélico de progresivo chileno. En mi casa escuchábamos mucho Roberto Carlos, Perales…

Es curioso que casi todos los artistas chilenos actuales mencionen a la radio como inspiración.
Claro, era lo que había en la radio en todas las casas de Chile en los ochenta. Las bandas que me abrieron la mente fueron Cream, los Velvet y luego el hip-hop y el soul, Stevie Wonder. Lo más importante fue la música negra, la incorporé a lo que hacía, que era más blanco.

Ya que eres tan fan de las letras, ¿cuál será la letra definitiva del rock en español?
Jorge Gonzalez, de Los Prisioneros, es increíble. La letra de “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos†es magnífica, y luego en su etapa más de relaciones de amor, “Estrechez de corazón†me parece una letra perfecta. Igual Violeta Parra, que recorría pueblos buscando ancianos que le enseñaran canciones viejas y luego las grababa.

¿Qué tal tu paso por México?
Me quedé un par de meses y fue bien importante; me puse a componer, con tanto tiempo y libertad me volví bien creativo. Fue una metamorfosis; la ciudad es genial, pasan cosas todo el tiempo, es como salir del campo a la gran ciudad.

Hubo un tiempo en que Sony Music te iba a grabar con un productor más de la onda de Camila (Ettore Grenchi).
Pues un amigo chileno estaba metido en ese ambiente, le mostré mi demos y llegaron ahí; creo que el disco hubiera sido mucho menos sencillo. Él viene del heavy metal y también de Camila; hacía ese tipo de cosas que no me gustaban para mi disco.

¡Te iban a convertir en el Arjona chileno!
Me decían el Kevin Johansen chileno, eso tenían en mente.

Y grabaste en el estudio de Sin Bandera.
Leonel fue productor ejecutivo y me prestó el estudio; se portó muy bien. Grabamos todo y él sólo iba a tirar buena onda. Él viene de la balada, pero ahora empezó a hacer otras cosas… Él es más naïve, con todo en su lugar; a veces me daban ganas de que su música sonara más desordenada.

Es hora de hablar de tu disco. ¿Qué me puedes contar sobre él?
Traté de que tuviera contrastes, que sonara un poco más intervenido que el primero; que se escuchara la guitarra bien clarita. Tiene que ver con que como no terminaba las letras, me entretenía metiéndole cosas a la música en la computadora. Es un disco con más horas de trabajo.

La guitarra de “Uyuyuy†me recordó un poco a Cerati.
Sí, la guitarra de enmedio. Tiene ese efecto de trémolo, quizás no tan consciente, pero ahora que me lo dices… No sé, yo fui fan de Soda cuando era muy chico.

¿Y cuando creciste ya no?
Más bien cuando crecieron ellos; me gustaba más su onda menos madura, los prefería en su faceta más festiva, más ska.

En otra de las letras hablas de “Héroes de cartón†¿quiénes serían?
Todos los héroes son así, todo es invención de los medios. Esa letra habla de cómo quieren influenciarte a hacer las cosas, a decirte lo que quieras hacer.

Pedro Piedra
Cripta y Vida
Intolerancia, 2011

Siempre es reconfortante que no todo tenga que girar alrededor de los clichés amorosos. Y es ahí, en las letras y las pequeñas historias obsesas, donde reside el valor de esta colección de canciones entre folk con aire pop funk y electrónica disimulada que se desliza entre estribillos bien elaborados y guitarras puntuales. Destacan “Occidental†y la irónica “Vacaciones en el más alláâ€.