La voz de un paÃs en llamas
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Hay quienes afirman que es el revulsivo que nuestra escena rockera necesitaba. Pero en lo que todos coinciden es en que no se puede ser indiferente ante su música. Juan Cirerol llega a nuestra cita con la mirada adolescente y el saludo franco y fuerte de la gente del norte.
Por Jacobo Vazquez
Y asà inicia la plática con este exiliado de Mexicali, especialista en sacarle fuego a la guitarra de doce cuerdas.
Cierras el año muy bien. ¿Esperabas esta respuesta?
En cierta forma sÃ. Yo lo visualizaba, pero quizá de otra manera. Me siento contento.
El año pasado te vi tocar como tres horas en un bar capitalino. ¿Cuánto es lo que más duras tocando en vivo?
Pues poco más de tres horas, ésas han sido las maratónicas. Eso lo hago cuando estoy entretenido (risas).
Bajabas y subÃas del escenario. Cuando me di cuenta ya era tarde y pensé: “Este sà es un rave de verdadâ€. ¿Te imaginas como un DJ con guitarra norteña?
(risas) No lo sé, igual y al rato le entró a eso, uno nunca sabe.
En México muchos grupos (Botellita de Jerez, Caifanes, Café Tacvba) han tenido éxito al mezclar su música con el folklor. ¿Sera tu caso?
No, la lÃnea de ellos era el rock, y la mÃa es el folklor y las mezcolanzas que se puedan ir dando. Lo mÃo es la música regional mexicana, en este caso la norteña o la música de la frontera, incluyendo la gabacha, como el country. SÃ, lo mÃo es una música fronteriza.
¿Y como vive alguien de la frontera la experiencia con los chilangos?
¡A toda madre! Tengo un montón de amigos chilangos. Me gusta por acá, tiene sus cosas buenas y malas, como en el norte. Lo que me gusta de todo esto es que no estoy siempre en el mismo lugar.
¿Te identificas con los músicos que se la pasan tocando en mercados, plazas y cantinas de una misma calle?
Pues es que soy uno de ellos, de hecho asà empecé. Ahora afortunadamente ya he tocado en distintos foros, más formalmente… Pero yo empecé en la calle.
¿En qué cree Juan Cirerol?
No sabrÃa decirte… Yo por eso soy músico.
Te has convertido en una figura polémica, porque algunos te aman y otros no tanto.
Es algo que le sucede hasta al presidente (…) Pero yo no veo más allá de mi música; mientras mi música sea buena, creo que podré rifar. Eso de ver en qué medios sales en cuáles no, se lo dejo a los demás. Yo prefiero hacer buenas canciones, eso es lo mÃo.
Entonces háblanos del nuevo disco.
Es mi segundo disco. Yo veo cada disco como una pauta de vida, como la forma de materializar el cierre o la apertura de algo. Éste es como la apertura del mucho o poco éxito que tengo, porque antes hacÃa discos que nada más se quedaban en YouTube. Este disco es más bailable y mejor hecho, mejor interpretado.
La portada refleja perfectamente el espÃritu de tu música.
HabÃa otras opciones, pero con la gente de Intolerancia decidimos que ésta era la mejor. Lo mÃo es la música y mientras una portada muestre al bato que canta, para mà es suficiente.Yo me veo en esta portada como soy.
Será tu primera vez como artista en el Vive Latino. ¿Has ido como público?
SÃ, el año pasado fui a ver a Jane’s Addiction y a Charly GarcÃa. Ya sé más o menos cómo está la onda ahÃ. Para mÃ, el Vive Latino es donde están la grandes bandas de toda la vida. Y como soy artista, procuro estar en esos niveles.
Hay artistas que de pronto empiezan a sonar en todos lados, como Julieta Venegas cuando sacó “Andar conmigoâ€. ¿Quieres algo asà para tu carrera?
Lo que pasa es que no toda la raza ha escuchado mis rolas… No he sonado en los medios masivos. El dÃa que lo haga van a ver qué onda. Yo tengo como cien rolas como ésa de Julieta Venegas.
Juan Cirerol
Intolerancia, 2011
Segundo disco del secreto mejor guardado de la frontera norte del paÃs. Si hace diez años el colectivo Nortec hacÃa bailar a la raza con su combinación de tambora y sintetizadores, a este hombre le basta su guitarra de doce cuerdas para armar una pachanga non-stop marca diablo. Además de ser su disco más bailable y mejor interpretado, tiene unas letras ingeniosas que lo convierten en un disco redondo. Doce canciones que van del miedo a estar solo al desamor y la crÃtica social. Las llamas de la portada advierten claramente lo que le puede pasar a todo el que lo escuche. Pura furia musical.





