Editorial / Julio
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Hace unos días asistí, junto con mi familia a la 11a muestra de World Press Photo en el Museo Franz Mayer…
No es la primera vez que acudimos a esa cita y siempre se trata de una experiencia intensa y sobrecogedora: La inmensa mayoría de las fotos que ahí se muestran en gran formato describe, sin concesiones, sin pudor, sin cortapisas, la parte más dura y ruda de la experiencia humana. Guerras, masacres, pobreza extrema, hambrunas, terremotos, inundaciones, represión: Todo un catálogo de desventuras individuales y colectivas, captadas con inmensa oportunidad por lentes maestros y valerosos.
Con todo, ésta no es una exposición dedicada expresamente a documentar el dolor y la tragedia, sino las cosas que pasan y de las cuales hay muchas ¡ay!, que son terribles, y así, en medio de tantos muertos y heridos, de tanta sangre y tanta hambre, nos ofrece, como bálsamo, como oasis, un puñado de fotografías que nos brindan un respiro y que, por contraste con las otras, son capaces de devolvernos la esperanza y la fe en la existencia propia y ajena. Tanto es así, tan grande es la necesidad de asirnos a la vida y a la luz en medio de tanta muerte y tanta oscuridad, que al final, la foto más comentada, ya en una mesa y con la panza llena, no es la de la chica con el rostro mutilado por los talibanes o la del hombre que se lanza desde una torre en Budapest luego de haberse rociado con gasolina y encendido en llamas, sino la instantánea de un imponente pájaro llamado piquero enmascarado (porque tiene una especie de antifaz en la cara) que emprende el vuelo directamente hacia nosotros dejando atrás a cientos, miles de congéneres que habitan en la Isla de Malgas durante su período de apareamiento. Y es que el fotógrafo, Thomas P. Pesshak, consigue con esta foto capturar toda la fuerza, todo el impulso majestuoso y viril que esta ave extraña imprime a su hazaña de desprenderse de la tierra venciendo la gravedad mientras mirada y cuerpo parecen abalanzarse sobre nosotros.
Las imágenes poderosas siempre son capaces de transformarnos. Las imágenes oscuras denuncian, revelan y también nos hacen agradecer una mejor suerte. Pero las luminosas, como ésta, nos alivian y nos llenan de energía y de entusiasmo.
Y pienso que si algunos de los causantes de tantas tragedias (humanas; de las otras, pues ni hablar) pudieran ver más imágenes como la de esta ave naturalmente perfecta, quizás sus almas torturadas y sedientas de sangre se apaciguarían un poco y dejarían de nutrir con tanta vehemencia las lentes de los corresponsales de guerra y similares… Pero a lo mejor soy demasiado inocente o estoy demasiado conmovido por esta foto sin par.
Mauricio Hammer
Thomas P. Peschak. World Press Photo Award.
(1st Prize Singles Nature)



