Editorial / Agosto

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No sé si para bien o para mal, pero estoy seguro de que Andy Warhol es la figura más importante del arte de los últimos 100 años.

A casi 25 de su muerte, sigue conservando una vigencia innegable tanto entre los creadores como entre los que se dedican a pensar el arte.

Para el crítico australiano Robert Hughes, Warhol es el principal responsable de que el arte en el Siglo XX se haya comenzado a apreciar mucho más por su valor económico que por su capacidad para conmover, provocar o seducir: “Ser bueno para los negocios es la forma más fascinante de arte. Hacer dinero es arte y trabajar es arte y un buen negocio es el mejor arteâ€, dijo alguna vez el genio de Pittsburg, con esa mezcla de cinismo absoluto y candidez casi infantil que siempre lo caracterizó. Y esta frase, formulada como una simple ocurrencia, confirma la acusación de Hughes. Pero la visión de Warhol fue mucho más allá de vislumbrar —o si se quiere propiciar— la idea del arte como mercancía: hizo más que ningún otro creador por sacarlo de los museos y llevarlo a la calle y a la gente; demostró que no se necesitaba un talento especial para crear; destruyó la noción de la obra como pieza única e irrepetible; encontró arte donde todos habíamos visto cosas sin belleza alguna; apoyó a artistas que aún hoy, y a pesar de rondar la tercera edad, siguen bien vigentes y, finalmente, nos ayudó a imaginar un mundo que estaba por venir y que hoy nos ha alcanzado.

Pero si todavía no los convenzo de que Warhol era un profeta, piensen en ésta otra de sus frases, tal vez la más famosa de todas: “Todo el mundo será famoso por 15 minutosâ€. Cuando la pronunció, lo de los 15 minutos era tan solo una metáfora sobre lo efímera que se estaba volviendo la fama. Pero lo sorprendente es que hoy, con cosas como YouTube, el cuarto de hora de marras ya no es un recurso literario sino una realidad. ¿No hay ahora gente que gracias a una babosada que hace o a una tontería que dice o incluso a una canción cualquiera se vuelve famosísima casi a la misma velocidad con que es olvidada para siempre? Sólo para rematar, ahí les va otra frase inolvidable de Mr. Warhola que, para no variar, es sorprendentemente profética: “Soy del tipo que estaría feliz de no ir a ningún lado siempre y cuando pudiera saber exactamente lo que estuviera pasando en los lugares a los que no voy. Soy del tipo al que le gustaría quedarse en casa y ver cada fiesta a la me invitan en un monitor en mi recámara.†¿No es esto ya posible? ¿No está sucediendo ya?