Kylie en México

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Hoy es el primero de los tres conciertos que la australiana tendrá en México, quien se presenta por primera vez en nuestro país para ofrecer shows dentro de la gira Aphrodite Live. Nosotros aprovechamos para comentar lo más relevante acerca de la salida de Aphrodite, su onceavo álbum.

Por Maximiliano Torres

En la historia parcial de las catástrofes del pop, el 1 de abril de 2008 no se olvida. Fue la fecha del lanzamiento de X en Estados Unidos, el cual vendió apenas cuatro mil copias. Una cifra atroz, casi humillante para la capital mundial del consumo; algo semejante a que de la noche a la mañana sólo hubiera heterosexuales, todos los bares gay se clausuraran y Kylie no tuviera razón de existir.

Y no es que Kylie Minogue suene tremendo en Norteamérica, pero tampoco es una Robbie Williams cualquiera, a la que primero le piden un encendedor que un autógrafo. Si bien X fue un buen disco –el más propositivo en la discografía de la australiana– y tuvo al respetable Calvin Harris como productor, las razones por las que pasó sin pena ni gloria permanecen ocultas.

Lo cierto es que más allá de este misterio, la alta ambición y el bajo efecto de X prefiguraron todo lo que suena y se ve en Aphrodite. El estilismo de Kylie es más glow stick y diva disco que mujer del futuro o fashionista. La portada y el arte del álbum son inmediatos, sin extravagancias. Y si bien Aphrodite trata sobre el amor en todas sus conjugaciones, no contiene ninguna balada. Incluso las coordenadas que la cantante eligió para la presentación mundial del disco (Ibiza, España, donde debutó en tercer lugar de ventas) dicen mucho del espíritu de esta nueva grabación.

Para librarse de cualquier vicio musical, Kylie pensó en Stuart Price como pastor y productor ejecutivo. Y muchos se preguntarán, ¿por qué estrechar la mano de quien ya firmó el disco de otra marca inconfundible en este negocio (Madonna)? ¿Es ésta una continuación de lo que Price hizo con La Chica Material en Confessions on a Dance Floor? La respuesta es no. Price tallereó dos de los retornos más esperados del año: Aphrodite y Night Work, de Scissor Sisters. Y a juzgar por los resultados, parece que se guardó la garra dance para Ana Matronic y compañía.

Este disco parece en realidad la continuación de Fever, como si Body Language y X nunca hubieran existido. Estamos frente a un caso de impunidad, ya que Minogue se permite regresar a la fase musical que mejor le sienta, sin sufrir el reproche de su estancamiento creativo. Después de todo, para ella la década experimental fueron los noventa (Nick Cave, Manic Street Preachers y los primeros guiños hacia el dance).

No queda mucho por demostrar, luego de abarcar más de dos décadas de actividad musical sin un solo síntoma de expiración. Kylie Minogue sólo quiere que bailemos, no se molesten en desmenuzar el disco porque no hallarán más. Y en una época en la que todos los iconos pop se toman en serio más de la cuenta, eso suena a toda una contrapropuesta.

Kylie Minogue
Aphrodite
EMI Music, 2010

A primera escucha, parece un álbum hecho en una sola nota. Suena simple, lo cual es virtud y defecto. Si lo pensamos detenidamente, nadie está haciendo pop hoy en día. Todos los hacedores de hits requieren la intervención de un rapero a media canción, ceden al reggaeton, se lían con David Guetta o experimentan con ritmos ajenos. Pero nadie está haciendo pop puro. Quizá Lady Gaga sea la excepción pero, siendo tan barroca visualmente, anula la esencia simplista del género.

Peor aún, muchos salen al escenario con la chocante idea de que su música revolucionará el mundo. Pero a Kylie hay que recibirla siempre con gusto por su humildad como icono pop. La mujer jamás blofea y aún así engendra fans hasta en los clósets del heavy metal. La mancuerna con Stuart Price en efecto es una química discreta, sin riesgos ni alarde de sonido, pero es muy cumplidora para los fans que la prefieren en su limitado pero carismático rango vocal, en sus melodías y letras luminosas, felices. Con suficientes sencillos para rendir el resto del año, ésta es la Kylie de Fever, la Kylie que todos queremos escuchar.

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