Juntos ¿son dinamita?
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Una sola pregunta se formuló en la mente de las personas cuando se enteraron del disco creado en mancuerna por Lou Reed y Metallica: ¿Por qué? Y no era un cuestionamiento que requiriera una respuesta, sino una queja pronunciada con disgusto y confusión.
Por Marcos Hassan
Todo comenzó en 2009, cuando Lou y la banda tocaron en el concierto de 25 aniversario del Salón de la Fama del Rock N’ Roll, donde Metallica también acompañó a Ozzy Osbourne y Ray Davis, de The Kinks. Después de ese encuentro, Reed excavó algunos tracks que no había utilizado y se encontró con Lulu, conjunto de canciones inspiradas en dos obras de teatro del escritor Frank Wedekind. En mayo de ese año entraron al estudio manteniendo en secreto el proyecto, hasta que en junio, cuando las grabaciones se completaron (tiempo récord para Metallica, quienes tardan varios años en terminar cada uno de sus discos), se reveló que el proyecto sería la colaboración entre ambos artistas.
A estas alturas, casi todos los interesados en escuchar el resultado de esta unión lo han hecho. Y desde los críticos que le dan puntuaciones mínimas hasta las amenazas de muerte que ha recibido Reed, la reacción ha sido fuerte y negativa. Si se intenta encontrarle al asunto una justificación artística, veremos que ambos tienen muy poco en común, ya que vienen de diferentes épocas, sonidos y métodos para desarrollarse. Incluso si se piensa que ser tan opuestos puede resultar en algo interesante, el tipo de música que Reed ha hecho (desde el minimalismo que iba de la simple guitarra acústica a la cacofonía vanguardista con The Velvet Underground, o las exploraciones de la narración y sonido) difiere mucho de los arreglos ambiciosos pero limpios y cuadrados que Metallica ha producido.
Por separado, Lulu pudo ser elogiado por los públicos de cada bando. Los riffs que Metallica utiliza parecen haber nacido de las sesiones de Death Magnetic, disco calificado como un gran regreso por parte de la banda acusada miles de veces de venderse y traicionar a sus fans. Por otra parte, las letras que Lou Reed maneja en el disco son poéticas, narrativas, oscuras y con una perspectiva fría, recordando las utilizadas en la época de Growing up in Public, The Blue Mask y Legendary Hearts. El problema es que casi todo el tiempo se escuchan como dos discos que fueron unidos a la fuerza y sin razón.
Si Reed hubiera querido hacer un disco con una banda metalera, pudo haber colaborado con Tool, Neurosis o Sunn O))), quienes han tenido acercamientos a la música en que él ha abierto brecha; pero prefirió a los infinitamente más populares Metallica.
Juzgando por sus declaraciones, Metallica hace esto como un proyecto personal, con el que quiere mostrar su admiración hacia Reed. Y a juzgar por su historial, Reed lo ha hecho sólo para provocar, maniobra que ha sido buen motor de su carrera, desde Metal Machine Music hasta la canción “Original wrapper” (donde rapea) y sus innumerables e inapropiadas declaraciones a la prensa. Así que, ¿qué mejor para él que provocar el desconcierto y la ira de millones de amantes de la música en el mundo entero?
Lou Reed y Metallica han hecho una obra que provoca, ofende y pone a pensar, digna de ser exhibida en una galería. El disco es sólo una excusa para el impacto a gran escala que desencadenaría. No importa si ése fue el motivo, es lo que lograron.
Lou Reed & Metallica.
Lulu.
Universal Music, 2011.
















