El disco que siempre debió existir
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SMiLE es, sin duda, el álbum perdido más legendario del pop: Rumor entre conocedores y santo grial de coleccionistas. El 1 de noviembre de 2011, casi 45 años después de su creación, el disco que Brian Wilson y sus Beach Boys nunca pudieron terminar vio la luz oficialmente. Pura historia.
Por Esteban Cisneros
Todo comenzó en 1966. Tras Pet Sounds, Brian Wilson, líder de los Beach Boys (grupo que formó con sus hermanos Carl y Dennis, Mike Love y Al Jardine) decidió dar un paso adelante y hacer un disco más ambicioso y complejo. Sounds no fue un hit de ventas, a pesar de que Paul McCartney lo mencionó como su álbum favorito. Precisamente, Brian intentaba competir con los Beatles, que recién habían lanzado Rubber Soul y Revolver. Con su nuevo proyecto, Wilson estaba decidido a superar cualquier cosa.
El trabajo comenzó en Beverly Hills, en un ambiente por demás raro. Brian contrató al letrista Van Dyke Parks, confeccionista de versos extravagantes. Se sentaban sobre una enorme caja con arena de playa que Wilson usaba para inspirarse. Pero no todo era juego. Más bien se trataba de un exorcismo. “Una sonrisa podía salvar tu alma. Nos habían dicho que la risa era la mejor medicina”, cuenta Brian. “Y dado el estado de mi cabeza en aquellos días, yo necesitaba de la mejor medicina.” Así que decidió ponerle SMiLE al disco. La feroz competencia con los de Liverpool, su ansia creativa y la presión de hacer un trabajo exitoso y trascendente comenzó a consumir su vida. Pretendía escribir una definitiva “sinfonía adolescente a Dios”. Animado por el éxito de la icónica “Good vibrations”, Wilson puso manos a la obra y comenzó a grabar. La rueda de la fortuna giraba. Las sesiones no fueron del todo bien. Mike Love, cantante principal, detestaba las nuevas canciones, especialmente las rimas infantiles y bucólicas de Parks. Brian se mostraba cada vez más ansioso y errático. Para rematar, se servía LSD como desayuno, comida y cena.
Y, entonces, en el verano de 1967, los Beatles lanzaron Sgt. Pepper… Y Brian se sintió devastado. Los cuatro greñudos lo habían hecho de nuevo. Decidió que ya no valía la pena continuar. “Puse las cintas originales en un estante”, dice Wilson.“SMiLE era algo de lo que ya no quería hablar con nadie. Mi alma creativa estaba rota”. Algunas canciones de esas sesiones salieron en discos subsecuentes de los Beach Boys, pero el mito de SMiLE se perpetuó. ¿Qué había sido de ella? ¿Había sido terminada? ¿Era la gran sinfonía que Wilson había prometido?
Sí. Lo es. Podemos saberlo hoy, a 45 años. Ha pasado toda una vida y el rompecabezas está terminado. Con un pulido trabajo de ingeniería sonora, SMiLE es lo que debía ser: Una gigantesca obra maestra en clave de psicodelia y pop barroco. Un disco entre un millón. Un pedazo de historia en voz de sus creadores originales. Un disco que llega a destiempo en una época de cinismo. Una sinfonía que agota todas las posibilidades sonoras, unos versos que desafían cualquier regla lingüística. Un álbum importante y conmovedor.
Nunca sabremos qué habría sucedido si SMiLE hubiese salido en 1967. Pero hoy, en 2011, tenemos la oportunidad de vindicar tremendo discazo. Entre tantos fenómenos pop con fecha de caducidad, los Beach Boys y SMiLE son la respuesta. Por su historia, por su música y por toda la vida que hay en cada una de las canciones. Un disco perfecto que siempre debió existir (y que hoy puede conseguirse en CD, vinilo y hasta box set conmemorativo.) “La música es la voz de Dios”, dice Brian Wilson. No hay más que darle la razón. Gracias, Brian.
The Beach Boys.
SMiLE (The SMiLE Sessions).
EMI / Capitol, 2011.












