Arcade Fire está en la pelea

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Ya no hay punto de retorno para Arcade Fire. A partir de ahora y con cada nueva producción que lance, el conglomerado multinstrumentista será reconocido y detestado a partes iguales… Y en ambos casos por razones dignas de tomar en cuenta.

Por Alejandro Rojas Luna

Funeral (2004) es el disco que definió un perímetro en la escena musical canadiense. Sus autores dejaban traslucir elementos religiosos e insinuaciones propias de la fe. ¿Alusiones amish? ¿Alegorías eclesiásticas en voz de predicadores indie? No, sólo una campaña válida que sublimaba las emociones por medio de la música. Eso era parte de los componentes del debut de Arcade Fire, experiencia en la que participaba un vendaval de instrumentos: Guitarras eléctricas y acústicas, bajo, batería, teclados, órgano, xilófono, acordeón, ukulele, panderos, violines, alientos y voces que entre la angustia y la emotividad crearon una de las canciones más representativas de principios de siglo: “Wake up”.

Luego, la procesión de emociones desembocó en Neon Bible (2007), donde se pasó de la introspección al análisis pesimista de temas como la desesperanza, la guerra, el fanatismo y la globalización voraz, además de que su barroquismo (al que sumaron instrumentos medievales como la zanfona) fue reforzado por la producción de Markus Davis, especialista en estos menesteres, quien refinó aquellos sonidos que ya habían llamado la atención de David Bowie, David Byrne y U2.

Hacia las grandes ligas Arcade Fire dejó de ser un grupo para iniciados y ello repercutió en The Suburbs, tercera producción que antes de salir al mercado ya contaba con claras estrategias de promoción, como adelantos en internet que mostraban su fascinación por el acetato (la grabación master se hizo primero en vinilo y después se transfirió a digital, para conservar la amplitud del sonido), la transmisión online de un concierto en el Madison Square Garden, dirigida por Terry Gilliam, y la extensa gira que en octubre los hará presentarse en México, gracias a OCESA y ya con el respaldo discográfico de una major.

Pero Arcade Fire no deja de ser una banda a la que aún hay que exigirle, antes que perderlos en zonas de admiración o comodidad ficticia, como a veces nos sucede a los escuchas. Veamos qué nos prepararon Win Butler, Régine Chassagne, Richard Reed Parry, William Butler, Tim Kingsbury, Sarah Neufeld y Jeremy Gara.

Arcade Fire
The Suburbs
Merge / Universal Music, 2010

Reseñas entusiastas califican este material con cifras cercanas al diez, pero es difícil coincidir en si “Month of may” y “Sprawl (Flatland)” bajan el nivel de la banda. Una es garage genérico –que en vivo emocionará– y la otra es una declamación doliente. No obstante, otras 14 canciones muestran interesantes cambios en relación con su obra previa. El eje temático circula entre la añoranza, la reflexión y la idealización de la juventud (al estilo de J.D. Salinger o William Golding). “The suburbs”, con plácido piano y guitarra acústica, además de “Ready to star” y “Modern man”, vía el vuelo de guitarra eléctrica y batería, hablan de coraje y valentía. “Rococo” es una afilada ironía con violines dedicada a la arrogancia juvenil y “We use to wait” irradia la emoción de una relación epistolar. Novedades: “Half light II” y “Sprawl II”, que involucran sintetizadores y efectos semi bailables. Arcade Fire está en la pelea.