Amigo JK
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No puedo considerarme fan del hombre con estrafalario sombrero de búfalo y baile esquizofrénico, pero sí alguien que valora mucho su trabajo, sobre todo la primera trilogía de álbumes en los que dio un respetable y categórico giro al funk blanco.
Por Javier Audirac
Corría 1994 cuando tuve el primer acercamiento a la música de este británico, gracias a la insistencia tenaz de los canales de videoclips –mínimo tres veces al día pasaban “Space cowboy”–, los cuales lograron su cometido; ese tema se posicionó como uno de mis grandes favoritos hasta hoy día. Después, la prueba de fuego fue superada sin problema. El álbum avalaba un sólido combo con firmes bases negras y un vocalista con grandes dotes que había bebido el elíxir del Stevie Wonder más aplicado; “The return of the space cowboy” es una pieza imprescindible para adentrarse de manera minuciosa al mundo de Jamiroquai. Un año antes había sacado su primer material de estudio, Emergency on Planet Earth, que fue un suceso en los charts británicos por su frescura y buen manejo de rítmica, mientras que en Latinoamérica fue conocido hasta después del éxito cosechado por su sucesor.
Sin temor a equivocarme, diré que su obra maestra hasta hoy es Traveling Without Moving (1996), donde logró la excelencia en todos los sentidos (con sencillos
contundentes como “Virtual insanity”, “Cosmic girl” y “Alright”) un álbum sin excedentes ni desperdicio, que concreta tímidos experimentos que había intentado en los dos anteriores discos.
Siguió Synkronized para despedir el pasado siglo, que aunque tuvo muy buenas críticas, revela cierto cansancio y reciclaje innecesario en la composición. El tema “Canned heat” es un buen gancho, pero hay mucho oropel si ya se disfrutó de toda su obra anterior. Para 2001 sacó A Funk Odyssey, por la misma vena del anterior, aunque más fresco y logrado; el revival disco que se vivía entonces sirvió como catapulta para que “Little L” fuera uno de los condimentos más recurridos en las pistas de baile del mundo entero.
El siguiente capítulo se escribiría con Dynamite (2005), el muestrario más ecléctico del proyecto, y el último álbum de estudio con su disquera de toda la vida, Sony Music. Luego vinieron múltiples problemas legales y finalmente se rompió el nexo tras la salida del compilado High Times: Singles 1992-2006. Para 2010, estrena su séptimo larga duración Rock Dust Light Star, el primero para Mercury Records, producido por Charlie Russel, Brad Spence y el propio Jay Kay.
Disección de Rock Dust Light Star
“Rock dust, light star”. Tema abridor, funky a medio tiempo; el factor sorpresa no aparece, pero su ejecución, como de costumbre, es impecable. “White knuckle ride”: La vieja y exitosa fórmula-sello de la casa; baile cachondo y sutil, cual guante de seda, con una sólida cama de bajo cortesía de Paul Turner.
“Smoke and mirrors”: Rhodes y jazz. Una de las joyitas del álbum; el espíritu del viejo Harlem a flote… No son suficientes cuatro minutos para disfrutarlo.
“All good in the hood”: Nada nuevo bajo el sol; la fórmula otra vez apoderándose del ambiente groovy dance. No está mal, pero…
“Hurtin”: Un tributo “involuntario” a los sonidos del primer Lenny Kravitz: Guitarras distorsionadas, gospel y voz con flanger power rock.
“Blue skies”: Balada que se desprende como primer sencillo, predecible y sin punch. Su lado más pop tirándole a desabrido, a pesar de los coros y las cuerdas.
“Lifeline”: Recompone la estructura, muy en la vena de Stevie Wonder, con metales, alientos y cuerdas bien logrados. Round para Jason Kay.
“She’s a fast persuader”: Remembranza mítica del “Disco Samba”. Variantes rítmicas y vocoder para la pista de baile o para conducir en carretera a alto volumen y velocidad.
“Two completely different things”: Prosigue en la onda brasileira, ligera y cadenciosa.
“Goodbye to my dancer”: Coro pegajoso y probable segundo sencillo; para caminar con estilo.
“Never gonna be another”: Balada suavecita y cargada de cursilería. De no ser por ese piano eléctrico, sobraría.
“Hey Floyd”: Acertada despedida con una sorpresiva variante con sabor a Jamaica. Tres de cinco estrellas posibles.
Jamiroquai
Rock Dust Light Star
Mercury Records, 2010







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