Fue en marzo de 1991 cuando Billy Joel se presentó en el Palacio de los Deportes, cerrando su gira Storm Front, con cuatro fechas de llenos totales, en las que maravilló a los asistentes con sus interpretaciones, su actitud en el escenario, su energía y el trato con el público, demostrando por qué ya era la gran figura de la música en ese tiempo.

Recién iniciaba la era de los grandes conciertos internacionales en la Ciudad de México, un mes y medio antes INXS ofreció 3 conciertos en el mismo recinto y ahora, la leyenda estadounidense confirmaba que estos espectáculos llegaban para quedarse, pero pasarían 16 años para su siguiente visita, ahora al Foro Sol, ya con el peso del tiempo (incluso esa vez dijo al público mexicano: “Yo no soy Billy Joel, soy el papá de Billy Joel”), pero manteniendo una gran calidad interpretativa, tanto de él como de sus extraordinarios músicos que siempre lo acompañan, algunos por décadas.

Billy Joel tiene una carrera impresionante que inició desde los años 70, con más de cien millones de discos vendidos en todo el mundo ha sido uno de los músicos más completos que lo mismo compuso canciones románticas, de ciudades, de crítica social, de nostalgia, de historia, de navegación, de dolor, de optimismo, de sexo, de consejos, una canción de cuna, un contador de historias personales y de lo que observaba en los distintos entornos en los que se desarrolló, ha sido un entretenedor, un hombre inocente, un extraño, un influyente, un hombre que va a los extremos y por supuesto, un pianista.

Fue en marzo de 2020 cuando volvió a la capital mexicana, nuevamente al Foro Sol pero ahora anunciado como una despedida de su público y lo hizo de una manera espectacular, aún con buena voz y con un set de los éxitos que marcaron su trayectoria.

Alrededor de las 21:30 se apagaron las luces y salió al escenario austero (fiel a su costumbre), para tomar su lugar en el piano, donde permanecería casi todo el concierto. Abrió la velada con “Big Shot”, para luego saludar al público en español, admitiendo que aunque lo había estudiado por dos años no lo dominaba y prefirió seguir hablando en inglés; siguió el desfile de clásicos como “Pressure”, “The Entertainer” y “Honesty”; en algunas canciones Billy comentaba el año y el disco en que las había lanzado, marcando una clara tendencia enfocada en los años 70 de su discografía durante la primera parte de su concierto, incluso las imágenes que aparecían en las pantallas por momentos se tornaban en tonos de grises o sepias, enfatizando que ya había pasado algo de tiempo desde entonces; siguieron los temas “Don’t Ask Me Why” y “The Stranger”; hubo un momento en el que el neoyorkino no aguantó el frío que se sentía en el ambiente y se cubrió con un gorro, una bufanda y unos guantes, que no le duraron mucho porque con su música subiría la temperatura.

Billy Joel es un gran showman, sabe leer al público, cuenta anécdotas, hace bromas pero principalmente muestra su virtuosismo y versatilidad al piano, haciendo arreglos y versiones únicas en cada interpretación, juega con la música incluyendo temas ajenos a su autoría pero que sabe que conectan con la audiencia como “Tequila”, que sorprendió y obtuvo una respuesta favorable y lo volvería hacer más adelante. También invitó a que votaran por “Just the Way You Are” o “Vienna” y finalmente terminó tocando ambos temas.

Siguió con su recorrido por la década de los 70 y 80 con “Zanzibar”, “Say Goodbye to Hollywood”, “New York State of Mind” y “Allentown” para luego cambiar el ritmo a algo más prendido como “I Go to Extremes” y volver a lo romántico como “She’s Always a Woman”, recordando que la escribió para su primer esposa y luego preguntarse ¿qué pasó después? demostrando su buen humor.

Continuó con lo que parecían los primeros acordes de “My Life” pero resultó ser un cover instrumental a los Village People con “YMCA”, ligándolo inmediatamente con su tema, ahora sí, “My Life”; a continuación soltó dos canciones potentes para levantar al público de sus asientos como “Sometimes a Fantasy” y “Only the Good Die Young”, en los que se vio a varias personas bailando al ritmo de estos clásicos, y rematar con “The River of Dreams”, en donde combinó, en un momento del tema, el “Jarabe Tapatío”, haciéndonos recordar a algunos que en 1991 también lo tocó e incluso lo bailó junto a su percusionista que lo sigue acompañado: Crystal Taliefero.

Siguió una interpretación de la famosa aria de la opera Turandot, de Puccini, “Nessun dorma”, en la que su guitarrista demostró sus dotes de tenor con una brillante interpretación, que resultó un adecuado preámbulo para otro clásico de Billy Joel: “Scenes From an Italian Restaurant” y rematar con su emblemática canción “Piano Man”, haciendo cantar al Foro Sol que registró un lleno para enmarcar tan sublime momento.

Después de una pausa los músicos volvieron al escenario, ahora con Billy sosteniendo una guitarra, para recetar una dosis de sus temas más bailables como “We Didn´t Start the Fire”, “Uptown Girl”, “It’s Still Rock and Roll to Me” y “You May Be Right”, combinándola por un momento con una parte del tema Rock and Roll, de Led Zeppelin, con la que cerró la velada.

Así, entre nostalgia y euforia, Billy Joel se despidió de su público mexicano con un espectacular concierto, muy buena acústica (como deben cuidarlo siempre los grandes músicos) y una excelente selección de las canciones más representativas de su obra, en la que combinó jazz, blues, soul, funk, pop, incluso algún viejo junk, pero que sigue siendo rock and roll para mí.

Por: Mario González y Mazahuani