El martes 8 de octubre de 2019 ha quedado registrado dentro del basto registro de conciertos realizados en México como el día donde en el Foro Sol de la Ciudad de México más de 65 mil personas agotaron todas las localidades disponibles para presenciar y compartir en la memoria aquello que significa escuchar y ver durante tres horas a The Cure, la banda que inició su andanza de presentaciones en vivo un 9 de julio de 1978 cuando los tres integrantes de aquel entonces se presentaron en The Rocket, pequeño pub situado en la localidad de Crawley, poblado ubicado al Este de Sussex en Reino Unido.
Han pasado poco más de cuatro décadas desde aquella presentación, punto de origen y ascenso para esta banda ha sabido adaptarse al éxito gradual, la separación de integrantes y modificación de alineaciones por diversos motivos, o bien, las mutaciones en las reglas del negocio musical, entre otras situaciones; sin embargo, The Cure ha sido inmune a todo ello y es por eso que esta banda inducida al Salón de la Fama del Rock el 29 de marzo del año en curso, se mantiene como una de las más respetadas y reconocidas como referencia para analizar una época y el sonido que se puede generar cuando se funden rock, elementos y alusiones a la obscuridad, además de pop en su estado puro. Pocos cuentan con ese tipo de blasón.
Así, Simon Gallup en el bajo, Jason Cooper a la batería, Roger O’ Donnell con los teclados, Reeves Gabriels en la guitarra y Robert Smith, tanto con la guitarra como con su icónica voz, se desplazaron a lo largo de 36 canciones que dan cuenta de su discográfica distribuida en 13 álbumes de estudio.
Fue así como “Planingsong” abrió la sesión junto con “Pictures of you’ para remontar a los espectadores al disco Disintegration (1989). Acto seguido y sin escalas, mismas que fueron mínimas a lo largo del concierto, prosiguieron “A Night like this” (The head on the door, 1985) y “Just one kiss” (Japanese whispers, 1983), la cual aportó el detalle de ser parte de las piezas que se  incorporaron para esta ocasión y son poco frecuentes en su repertorio, situación que se aprecia por presentar canciones distintas en cada visita. Prosiguieron la infaltable y entrañable “Lovesong”, seguida de “Last dance” (ambas Disintegration) y “39” (Bloodflowers, 2000), mismas que enmarcaron el bloque conformado por “Burn”, cuya flauta evoca al vuelo de un cuervo en medio de la obscuridad, aspecto ligado a “Fascination street” (Disintegration), “Never enough” (Show, 1993) y “Push” (The head on the door). Así, tras la penumbra llegó el alba representada por “In between days” (The head on the door), “Just like heaven” (Kiss me, Kiss me, Kiss me, 1987),  “From the edge of the deep green sea” (Wish, 1992), “Want” (Wild Mood Swings, 1996), “Play for today” y “A forest (las dos de Seventeen seconds, 1980), “Shake dog shake” (The Top, 1984), “Players for rain” y la propia “Disintegration”.  
Tocó el turno del primer y breve encore que trajo consigo nueve canciones compuestas y dispuestas para acelerar las palpitaciones, tales son los casos del arranque atmosférico que representa ser “Lullaby” (el lector sabrá de qué disco) y la detonación que manifiestan “The Caterpillar” (The Top), la alusión al bodeville encarnada por “The Lovecats”, el impulso irrefrenable de agitarse externado por “Hot Hot Hot!!!” (Kiss me, Kiss me, Kiss me), “The Walk” (Japanese whispers), “Let’s Go to Bed” (lado B de Just one kiss, la ternura que manifiestan “Friday I’m in Love” (Wish), cuyo arranque fue emotivo al empezar completamente solo Robert Smith, “Close to Me” (The head on the door), y esa duda existencial que es “Why Can’t I Be You?” (Kiss me, Kiss me, Kiss me)
Y llegó el turno de perfilar la conclusión de esta reunión fraternal entre ella banda y sus seguidores, ya que el cierre ocurrió a todo vapor por medio de las nostalgias y vitales “Three Imaginary Boys” (del brillante debut homónimo de 1979), “Boys Don’t Cry”, “Jumping Someone Else’s Train”, “Grinding Halt” (tres cortes que brotaron del recopilatorio Boys don’t cry, 1980, material derivado, a su vez, del citado debut). Y todo terminó con “10:15 Saturday Night” y  la catártica “Killing an Arab” cuya mezcla de velocidad con letra reflexiva inspirada en la literatura se combinan para dejar constancia de la fuerza descomunal de The Cure.
La memoria se describe como la capacidad para obtener, acopiar y evocar información. Se denomina “memoria autobiográfica” a la recopilación de recuerdos de nuestra historia de vida. Esta nos permite guardar y recuperar eventos a los que les otorgamos un valor especifico, con el detalle de que, cuando opera, se obtiene la sensación de “revivir” el momento.
¿Qué recordamos exactamente? ¿El acontecimiento tal cual sucedió? ¿Nuestra idea del hecho? ¿El recuerdo más reciente sobre el mismo hecho, tal y como sucede con los sueños antes de despertar? ¿Cuánto llegan a influir las demás personas en un recuerdo? ¿Recordamos siempre igual durante toda nuestra existencia?
Cualquiera que sea el caso, la fecha del 8 de octubre de 2019, con The Cure tocando sus canciones sobre el escenario del Foro Sol queda en la memoria de cada uno de los que pudimos atestiguar ver a una de las mejores bandas en la historia de cualquier género.
 
Texto: J. Alejandro Rojas Luna
Foto: Diana Jetzabel R. Lorant