Éste es un título del cual debería llevar la inscripción: “Léase con cuidado, podría causar repugnante crítica y lujuria sadista”.

Corrían los años de la revolución francesa, los días del incendio, del cambio radical, de la nueva concepción del poder.

“…goza, amigo mío. Goza y no juzgues… goza, te digo, abandona a la naturaleza el cuidado de impulsarte a su gusto, y a lo eterno el de castigarte”. (1)

Inclinada frustradamente sobre la sobriedad de la vida, la buena voluntad y austera comodidad, Justine relata sus días con múltiples adversidades a lo largo de toda una amarga vivencia por inquirir y optar por “el buen camino”.

Así observamos enteramente que la naturaleza no es una identidad conceptual, es un sin fin de líneas y en cada una se desarrolla infinita comodidad, placer, odio; angustia. Justine es una parte del reflejo de toda la composición que el Marqués expone con la verdad sin censura, la condición  sin planes del desgraciado individuo bípedo; el cómo se desarrolla fingiendo estar entre nubes placenteras que oscilan al vicio déspota frente a la débil humildad y cobarde virtud benévola. Y ante la húmeda incomodidad de ser ultrajada y robada por más de un adicto al vicio de entrar en rincones de sus féminas partes.

Mirarás con un ojo consciente las atrocidades expresadas que implica semejante obra, las críticas sociales, la eterna condición humana ante el cómo resolver las dudas morales.

Ésta y otras obras le costó a D. A. F. de Sade la estancia en prisión. 

Es el estilo a través de personajes contradictorios como la humanidad misma, quien a muchos les puede causar repugnancia, otros sincera culpa de ser lectores de semejante frenesí explícito.

 

(1) Correspondance inédite du Marquis de Sade, Paul Bourdin, París, 1929 p.269 (carta del 22 de  enero de 1782).

Por: Alan Garay