El 28 de enero de 2011 se registra como al fecha del nacimiento de Perotá Chingó, banda que debe su origen al carácter itinerante y vínculos indivisibles con géneros, corrientes y estilos emanados del folclor latinoamericanos y otras latitudes del planeta, esto en combinación con la gradual integración de sonidos y herramientas contemporáneas.
Originalmente Julia Ortiz y Dolores Aguirre fueron el germen y ellas se sumaron más elementos.
De este modo conversamos por medio del intercambio de archivos de audio con Julia para conocer más acerca de la banda y la visita que llevarán al cabo a inicios de diciembre.
He aquí: 
¿Cómo se originó Perotá Chingó? Ya que entre otros aspectos destacan las distintas nacionalidades de los integrantes con los cuales inició el proyecto.
Nosotras nos conocimos hace más de 20 años, íbamos juntas a la escuela. Todo comenzó en un viaje que hicimos a las costas de Uruguay, a Cabo Polonio. En ese momento, Pocho Álvarez, que es nuestro manager y productor nos vio haciendo una especie de concierto, ‘a la gorra’, en barcitos, y nos hizo un video que se volvió viral, eso nos llevó a hacer la banda.
A partir de ahí se incorporaron dos personas más, Diego Cotelo de Uruguay y Martin Lacosta de Brasil. Martin vivía en Buenos Aires, mientras que Diego en Uruguay, pero lo convocamos a ser parte de la banda. Actualmente él ya no participa con el grupo, porque volvió a vivir a Uruguay. A eso se debe la diversidad de países y personas en Perotá Chingó.
 
Una vez conformada la banda ¿en que punto definieron la orientación del sonido?
Al escuchar Aguas (2017), su disco más reciente, se percibe un recorrido amplio por diversos géneros, corrientes y estilos.
El sonido tiene mucho que ver con que somos una banda viajera, desde un principio nosotros viajábamos, de hecho así surgió la banda. Ir a Brasil, Colombia y Chile, esos lugares tan ricos cultural y musicalmente nos trajo bastante influencia a la hora de componer y pintar nuestras canciones con distintos ritmos.
La vedad es nosotros no hacemos ni un genero ni ritmo particular sino que todo pasa por el filtro de Perotá Chingó. 
Aguas es un disco poco más personal, es nuestra música que se conectó con esas cosas que hoy queremos decir. Es como la primera puerta a ello.
 
¿Cómo llegaron al nombre del proyecto?
Perotá Chingó surge como un juego de palabras, como decir hakuna matata, es una frase que de alguna manera nos resultó rítmica y rica. Es un invento, básicamente, uno que se hizo realidad y se convirtió en el nombre de la banda, pero no tiene una formación especifica, porque sólo es un juego de palabras que nos sonó rítmico.
 
¿Dónde realizaron las grabaciones y producción de Aguas?
Aguas se realizó en Buenos Aires a principios de 2017, nos internamos tres meses en la casa de uno de nosotros con una consola, unos micrófonos y equipo bastante básico de grabación para maquetear todo. Trabajamos con Javier Viña, que ha sido nuestro sonidista durante tres años y fue también bastante productor de este disco. Es entonces un disco donde durante tres meses estuvimos boceteando, viendo qué arreglos necesitaba, los coros y así grabábamos la base. Después, la parte final la grabamos en Mawi Road, un estudio de grabación en las afueras de Buenos Aires, en el campo.
 
¿Qué particularidades se destacan de Aguas en relación al disco debut homónimo que lanzaron en su momento?
Aguas nos permitió ahondar un poquito más en sonidos nuevos para nosotros, siempre hemos sido una banda acústica, básicamente, de guitarra, percusión, teclados últimamente, pero en esencia el sonido ha sido acústico, no obstante con este disco incursionamos un poco en electrónica, ruiditos, en ambientes, sonidos del mar, de los pájaros y la selva. Y también la idea fue darle a las personas un poco más de ambiente para poner en contexto donde estaban situadas las canciones y qué era lo que queríamos expresar con ellas.
 
¿Qué relación mantiene Perotá Chingó con el formato físico de la música para plasmar el trabajo?
El formato físico siempre nos sirvió como si fuera la gasolina de Perotá Chingó, en les sentido que nosotros siempre hemos vendido nuestros discos a la salida de los conciertos y es algo que nos gusta hacer. El arte que se puede plasmar en un disco nos gusta como obra y también que es una forma de seguir promocionando la banda o haciendo que llegue a distintas situaciones que el digital no te puede dar, como cuando llegas a una casa ves un disco y preguntas: ¿este disco de quién es?”.
El formato físico permite conectar con otras situaciones, así que nosotros nos sigue gustando la idea que a la salida de los conciertos se sigan vendiendo nuestros discos.
 
Acerca del área del video ¿ustedes suelen participar en el proceso creativo o delegan la responsabilidad a personas que colaboran con ustedes?
Hasta ahora no hemos hecho videos profesionales sino  más bien personales y caseros, mismos que fueron siempre filmados por Pocho, que es parte de nuestra banda al ser nuestro manager. Por ejemplo, él filmó el video de “Ríe Chinito”. 
Recién estamos formalizando hacer videoclips, justo ahora se viene hacer uno. Cuando estuvimos en Madrid grabamos dos videos hechos con una sola toma en la sala de Bellas Artes con la gente de Moon Light y Craneo. Nos gusta que haya colaboraciones con otras personas en nuestros videos, porque nosotros no nos dedicamos específicamente a eso.
 

¿Y ya se encuentran trabajando en el sucesor de Aguas?
Estamos con muchas ganas de empezar el proceso de las nuevas canciones, la idea del año que viene es sacar varios singles y temas nuevos. También realizar un ciclo donde las personas puedan ir a ver nuestro proceso creativo en vivo, eso es algo que está en gestación, pero es una idea que está muy fuerte y que tenemos para el año que viene.
Ahora estamos pensando mucho en todas las ideas nuevas y sonidos que queremos incorporar, entre ellos una maquinita electrónica. Se viene también un Perotá conectado con los sonidos de ahora, con aquello que está pasando hoy a nivel internacional en la música, eso nos da muchas ganas de combinarlo con lo que somos nosotros y es más acústico, ritual y enfocado al trabajo que hacemos con las voces.
 
Los días 6, 7 y 8 de diciembre se presentarán en Guadalajara, Monterrey y el Teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México.
Actualmente ¿cómo perciben desde la distancia México?
Esto porque en los años recientes nuestro país se mantiene afrontando momentos complicados que trascienden las noticias internacionales.
Nos encanta viajar por México, la vez anterior que viajamos por allá vimos situaciones intensas, porque se trata de un país súper intenso, pero Argentina lo es también, así que estamos acostumbrados a esas formas. Nos encantaría viajar un poco más a México y no lo hacemos por las noticias que llegan sino por cuestiones de producción y economía que a veces no termina de cerrar toda la situación, porque ahora nuestro equipo cada vez es más grande y entonces hay que abarcar un poco más, pero estamos con ganas que sea más accesible ir. México es un país muy rico.
¿Y cómo se dio la posibilidad de realizar estos tres conciertos? ¿Qué enfoque traen consigo esta ocasión?
Hace dos años fuimos a México y siempre quedaron las ganas de volver, sería un place ir todos los años porque es un país que nos gusta muchísimo. La vez que fuimos fue súper rico a nivel artístico y personal. La verdad es que es algo que nos llena un montón, siempre hay esas ganas y permanentemente estamos a la búsqueda de teatros y situaciones que nos permitan poder ir para allá.
Esta vez se dio la posibilidad porque vamos primero a Colombia, donde tendremos una gira de tres conciertos en Bogotá y Medellín; y de ahí nos vamos a México donde por igual realizaremos tres conciertos súper fuertes. Vamos con una idea de fiesta pagana y de ritual interior, pero que también se proyecta hacia afuera. Hay un balance entre la introspección y el acto de bailar bajo la lluvia. Esa es la sensación.
 
Por: J. Alejandro Rojas Luna
 
 
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