EL PLAZA CONDESA

\\6 de mayo de 2018//

Cuando el reciente domingo 6 de mayo Mogwai terminó de tocar al cabo de hora y media de concierto en el cual fueron ejecutadas 14 canciones pertenecientes a ocho de sus nueve discos de estudio, además de una pieza proveniente de un álbum recopilatorio (Ten Rapid: Collected Recordings 1996–19971), mismas que forman parte de la historia de vida de este conjunto escocés que inició su trayectoria durante 1995 en Glasgow, Escocia, para la mayoría de los espectadores que se retiraron del recinto llegó el momento de procesar el acto que había sido presenciado, ya que se trató de una presentación donde la música impactó de manera tan rotunda como fina a partes iguales.

Mogwai, la banda que en El Plaza Condesa se presentó bajo la alineación de quinteto, es clara muestra de lo basto que es el lenguaje, ya que no solo abarca el habla, la escritura y las señas donde existen muchas variables que el cerebro necesita solventar, sino que el sonido interviene por igual como un apabullante canal de comunicación capaz de enfrentarse a realidades saturadas de palabras.

Fue así como una de las bandas indispensables del post rock, esa corriente donde se mezcla lo instrumental con herramientas digitales en aras de experimentar con el sonido y las armonías, ya se sea de forma estridente o melódica, abrió con “Hunted by a freak” y “Crossing the road material”, canciones que de inmediato impactaron en la caja torácica de segmentos de la audiencia, particularmente entre quienes tuvimos la posibilidad de situarnos justo en frente de las bocinas y a un costado de la banda, ya que físicamente era posible sentir los impactos de sonido en los huesos del tórax, el cuello y el diafragma, todo esto ocasionado por Stuart Braithwaite (guitarra, voz y composición) Barry Burns (guitarra, sintetizadores, secuencias y voz procesada) y Dominic Aitchison (bajo), quienes durante esta gira se han complementado con

 Alex Mackay (guitarra) y Cat Myers (batería), quien en algunas fechas ha sustituido a Martin Bulloch.

Esa fue la tesitura que estableció esta agrupación cuyo significado es “espíritu maligno” o “diablo”, pero que en realidad lo que representa es ambiguo al igual que el título de las canciones, porque con Mogwai cada quien traduce e interpreta acorde con sus experiencias personales, cuestión que aplica tanto para la propia banda como sus escuchas. Aquí no hay significados literales salvo, en una mínima proporción, con lo que acontece en “Party in the dark” y “Take me somewhere nice”, las únicas canciones donde para esta sesión hubo letra legible de por medio.

Así, al cabo de ellas prosiguió el dominio del sonido que se encargó de retumbar en los tímpanos que debieron trabajar a su máxima capacidad con objeto de transformar las ondas sonoras en impulsos nerviosos, aspecto latente en “I’m Jim Morrison, I’m dead”, “Coolverine”, “Rano Pano”, “Killing all the flies”, “Don’t believe the fife”, “Remurdered”, “Mogwai fear Satan” y “Old poisons”, piezas donde el post rock se conjugó con noise, vertientes de metal, electrónica y paisajes pop que sabiamente este grupo de personas ha incorporado y balanceado durante estos años de crear música. Asimismo, las pausas a lo largo del concierto fueron mínimas hasta que sucedió el momento del encoré por conducto de “New paths to Helicon, Pt. 1” y “We’re no here”, al cabo de las cuales, una vez que los integrantes se retiraban poco a poco con discretos ademanes de despedida, lo que quedó retumbando por algunos instantes fue el feedback en clara alusión a la permanencia que puede llegar a tener el sonido aún cuando ya no se encuentre presente la persona o aquello que lo originó.

Es por eso que al termino del concierto, y a dos días de ocurrido, seguramente todavía hay oídos donde gracias a la memoria resuenan los singulares impactos de Mogwai que buscaron modificar de manera súbita las condiciones existentes dentro del espacio que ocuparon por espacio de 90 minutos.

Este concierto ya se ha posicionado en la memoria de cada asistente.

Texto: J. Alejandro Rojas Luna

Fotos: Valentina y Bat Morales Torres