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En un futuro no muy lejano, dentro de unos veinte años, la sociedad tendrá cambios drásticos derivados, dentro de otras cosas, del colapso económico y el dominio de los corporativos. Las ciudades estarán divididas en barrios en los cuales las personas vivirán sin sentir la necesidad de salir, de hecho, no perciben que deben salir ya que consideran que no hay otro lugar a dónde ir.

Su alternativa para viajar es el OASIS, un mundo virtual mitad videojuego y mitad forma de obtener algunos recursos de subsistencia, el cual fue desarrollado por un gurú tecnológico, James Halliday (Mark Rylance), quien creó dicho espacio para que las masas tuvieran un escape divertido y sin reglas. Al fallecer Halliday deja un mensaje revelando al mundo que su OASIS contiene tres llaves con las cuales acceder a un huevo dorado, máximo trofeo para el primer jugador que logre descifrar sus retos y que le otorgará el control y derechos de propiedad de la empresa y del juego.

Un grupo de jóvenes jugadores, liderados por Parzival (Tye Sheridan), Art3mis (Olivia Cooke) y Aech (Lena Waithe), se lanzarán a la búsqueda de las llaves, teniendo como contrincante al corporativo Innovative Online Industries y su malvado directivo quien ha organizado todo un ejército de empleados-jugadores para competir intensamente no sólo por el premio, sino por el futuro del OASIS y al parecer el de la libertad, la justicia y el estilo de vida americano.

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Ready Player One (Spielberg, 2018) es una cinta entretenida llena de decoraciones pero también con muchos hoyos en su trama, no explica, por ejemplo, cómo una civilización casi en ruinas puede generar la suficiente energía eléctrica para que todos los jugadores (todas las personas que se alcanzan a ver en el filme) puedan estar conectados a la red de OASIS indefinidamente.

Tampoco explica por qué se rinde culto a empresas y empresarios que contribuyeron a un futuro devastado ni por qué sólo aparecen referencias de cultura popular vintage: películas, series de televisión, cómics, videojuegos y música de los ochentas; dejando un vacío de veintitantos años (en el tiempo endógeno de la trama) en los que la sociedad, los jóvenes, los gurús, no habrían creado ninguna historia, ningún personaje.

Y es que la fórmula funciona, Ready Player One tiene una trama sencilla, sin giros ni personajes complejos, a la que se vierte toda tormenta de personajes y artefactos provenientes de diversos medios. Aunque muchas, si no es que todas esas referencias resultarían incomprensibles para los millennials, la película es bastante disfrutable para todo público.  

De hecho, la mejor oportunidad que presenta Ready Player One es que los jóvenes se sientan invitados a buscar y conocer contenidos de la cultura popular añeja, más allá de los que pueden acceder en su inmediatez cotidiana; así como también motivar a un diálogo entre generaciones (padres, primos, hermanos, amigos) e intercambiar íconos populares.

Por otro lado, la mayor carencia de dicho filme es que fomenta la celebración de una sociedad de consumo, superficial e ignorante de lo que existe detrás de una obra o incluso de un proceso creativo, sustituido por productos inmediatos y entretenimiento plano.

Porque aún más emocionante que ver la motocicleta de Kaneda, es ver el anime Akira (Otomo, 1988) y más aún leer el manga (Otomo, 1982-1990); porque vale la pena disfrutar la animación de El Gigante de Hierro (Bird, 1999) y también de la novela en que se basa (Hughes, 1968) así como entender que su trama muestra grandes preocupaciones correspondientes al contexto histórico en que se creó, la Guerra Fría; porque conocer las variantes de el mito arturiano y del Rey Pescador te puede llevar a vivir tantas historias de heroísmo y magia que parecieran inagotables, como Krull (Yates, 1983), Monty Python and the Holy Grail (Gilliam y Jones, 1975), Willy Wonka and the chocolate factory (Stuart, 1971) y el libro en que se basa esta última Charlie y la fábrica de chocolate (Dahl, 1964), similar a como Ready Player One se basa también en una novela (toda proporción guardada).

Porque al final del día, lo que la sociedad necesita no son chavos que sepan identificar personajes por su popularidad, sino jóvenes con capacidades y habilidades para distinguir de dónde vienen, cuáles son sus historias, sus contextos y saber de autores; para que se fomente una memoria y una identidad; para que no se le atribuya a un personaje de ficción una genialidad que pertenece en esfuerzo y dedicación a Mario Puzo.

Por: Víctor De Lucio @elipsigrafo

Ficha.-

Título: Ready Player One.

Director: Steven Spielberg (EUA, 2018).

Guion: Zak Penn y Ernest Cline (novela).

Fotografía: Janusz Kaminski.

Actores: Mark Rylance, Simon Pegg, Lena Waithe, Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelson, Hannah John-Kamen