COBERTURA Julia Holter en estado puro al interior del Ex-Convento de San Hipólito

Ex-Convento de San Hipólito

8 de marzo // 22:15 hrs

Tres elementos significativos convergieron en el marco de la primera presentación que alguna vez Julia Holter haya dado en la Ciudad de México: el Día Internacional de la Mujer, el debut del Ex-Convento de San Hipólito como espacio de conciertos, y que Holter ya conocía esta ciudad con motivo de una visita previa, misma que la inspiró a componer la canción “Feel you”, pieza participe del disco Have you in my Wilderness (2015).

Así, con estos detalles de contexto es que Julia, cantante y compositora californiana, autora de cuatro discos de estudio e identificada con el pop de arte y barroco, la experimentación, el uso de los recursos de música clásica combinados con destellos provenientes de tenues herramientas electrónicas; pues para esta ocasión optó por presentarse de la manera más elemental y cercana a la gente que nadie de los presentes hubiese anticipado, ya que a ella solo le bastó situarse en una tarima sencilla con un atril y su teclado Nord Stage 2, ese instrumento reconocido entre la gente hacedora de música en vivo por la nutrida y versátil librería de sonidos, tonos y timbres con que cuenta, además de la capacidad de recrear instrumentos de cuerda, alientos, percusiones y coros femeninos, entre otras características que aquí fueron explotadas al máximo en compañía del músico Tashi Wada, el cual aportó matices complementarios con su sintetizador para ejecutar las 13 canciones que conformaron este concierto.

De este modo es que los discos Ekstasis (2012), Loud city song (2013) y el citado Have you in my wilderness se vieron representados y complementados con piezas inéditas. Fue así que una a una fueron siendo utilizadas las partituras que contenían “Turn the lights on”, “Ship is gone”, “Marienbad”, “Horns surrounding me”, ” “Colligere” y “I can’t turn away”.

A lo anterior le siguió un segmento donde ella sola interpretó “I would rather see”, “Feel you” y “Take this waltz” (canción original de Leonard Cohen aquí interpretada en español y bautizada como “Pequeño vals”). Y prosiguió el cierre del recital por conducto de “Why sad song” y “She calls me home”, al cabo de la cual la artista se despidió satisfecha, esbozando amplia sonrisa a la gente tal como lo hizo a lo largo de cada canción y tomando todas sus hojas para trotar hacia las escaleras que se encontraban a un costado del Ex-Convento de San Hipólito, recinto colonial que en sus orígenes fue el primer hospital dedicado a la atención de personas dementes en todo el continente americano.

Transcurridos breves instantes Julia Holter regresó al escenario, aquel que cualquier asistente hubiese podido alcanzar porque la distancia era tan solo de cinco pasos desde la valla protectora, y así es que interpretó “Betsy on the roof”, dando muestra que parte del secreto para apreciar la música de esta artista es identificar la manera como edifica el ambiente hasta llegar al punto donde voz y sonidos estallan para no soltar al escucha.

Con esté último acto es que Holter volvió a despedirse, pero ahora en definitiva y afirmando que regresaría, cosa que seguramente en un momento determinado sucederá, aunque muy probablemente al lado de su banda.

Será cuestión de aguardar, en tanto el primer contacto musical con el publicó de la Ciudad de México ya ocurrió.

Por: J. Alejandro Rojas Luna

Fotos: Enrique Prian

P.D. Camille Mandoki abrió el recital con su propuesta de performance audiovisual, uno conformado por sonidos y voces difusas que eran acompañadas por la combinación chelo/violín y la participación de otras cuatro artistas que escenificaron movimientos y acciones sujetas a la interpretación del espectador.

Dicho acto hizo pensar a quien esto escribe en los debates que genera el denominado arte contemporáneo, ya que la línea entre aquello que se acepta como arte y aquello que queda como una simple ocurrencia es muy tenue, esto porque se trató de una propuesta que no aportó información previa al público y por su ambigüedad se colocó en los límites de la paciencia por lo prolongada de su duración (alrededor de 50 minutos).

Cualquiera que sea el caso este acto encontró respeto y aplausos cuando finalizó, dejando muestra que cada quien asimila e interpreta el arte de distinta manera.

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