Música Fácil Para Una Vida Difícil (2016), álbum conformado con siete canciones, es la pieza angular que representa el sonido e intenciones de Vete Al Diablo, trío de la Ciudad de México que con base en la potencia del garage punk esgrime argumentos y descripciones con las cuales podemos identificarnos quienes habitamos metrópolis. 
De tal suerte fue Benjamín Sánchez (bajo y voz) quien platicó con nosotros en torno a lo que representa trabajar para sostener un proyecto independiente desde el subterráneo, sus instrumentos de batalla, la relación con el formato físico y el complemento que representa trasladar la música al video, entre otros aspectos.
Aquí las palabras:
¿Cuáles son los antecedentes musicales de los integrantes de Vete Al Diablo previo a formar la banda?
Los tres integrantes ya teníamos tiempo tocando con proyectos previos. Todos estudiamos música. Yo, por ejemplo, soy de Bellas Artes, no termine la licenciatura, pero eso lo he complementado con formación autodidacta. Guillermo Prado (batería, coros) es de la Escuela Nacional de Música e Irvin Canseco (guitarras, voces) ha tomado clases con gente del medio.
Cabe destacar que a finales de 2014 e inicios de 2015 teníamos otro proyecto con el cual no estábamos convencidos del nombre hasta que llegamos a Vete Al Diablo, ahí coincidió la salida del cuarto integrante, el bajista. En vez de suplirlo decidimos cambiar posiciones y pase de la lira a tocar ese instrumento.
 
¿Para un conjunto con sus características, mismo que marca distancia con las tendencias comerciales, qué estrategias han desarrollado para difundir su música? Esto considerando que son una banda autogestiva e independiente.
En México la musica es algo complicado de desarrollar, independientemente del género, incluso el rock ve dificultades porque hasta se le ha visto pasado de moda. En nuestro caso hay que sumarle que hacemos garaje punk, que es más complicado por enfocarse en las minorías, pero eso es lo que en realidad nos gusta, porque Vete Al Diablo nunca surgió con la intención de lucrar a nivel comercial con él, ha sido un proyecto que hemos querido llevar hasta las últimas consecuencias, pero pensando en lo que nos mueve como personas y músicos. En este sentido, nos interesa mucho hablar por medio de la música acerca de como es la vida en la Ciudad de México.
En 2016 lanzamos nuestro primer disco y echamos mano de todas las redes sociales por ser lo más fácil de costear. Sitios como Bandcamp, Soundcloud, YouTube, Facebook o Twitter los usamos para sacarles provecho al no contar con presupuesto como sí sucede con las bandas mainstream.
Nos ha ayudado mucho que cuando a la gente le ha gustado nuestra música entonces la ha buscado. Ha habido gente que incluso nos ha escrito desde otros países preguntando cómo pueden adquirir el disco. Esta  combinación de situaciones ayuda a bandas que se autogestionan como la nuestra y así sucede con la mayoría de participantes en este tipo de género.
 
¿Cómo evalúan a la fecha los resultados Música fácil para una vida difícil, disco con el que debutaron en 2016?
A nivel de crítica nos ha ido muy bien, hemos tenido muy buenas reseñas, ha sido una muy buena carta de presentación para llegar a determinados medios y la gente. 
A nivel comercial es ha sido complicado porque nadie vende como lo hacía hace 10 ó 15 años, y menos sucede con bandas que comienzan.
Entonces la respuesta que hemos tenido ha sido muy buena a nivel artístico más que a escala comercial.
¿Qué relación tienen ustedes con el formato físico para plasmar su trabajo?
Definitivamente provenimos de una generación de tacto, somos de fierros y contacto. La versión física de un disco, al menos para nosotros, es muy importante. Somos de una generación a la que le gustan las historias que puede contener un disco y escuchándolo desde la primera canción y hasta la ultima mientras se lee el booklet para conocer quienes participaron. Esa sensación ni de cerca se puede contener en Spotify o cualquier plataforma musical.
Evidentemente la parte física la complementamos con el streaming porque identificamos que no todos piensan igual, además que es complicado llegar a ciertas audiencias si no estás en digital.
El próximo disco que hagamos lo maquilaremos y está pensado para salir en vinilo y cassette.
 
Recientemente lanzaron el video de la canción “Affaire”. ¿Les gusta la parte visual del trabajo donde la música se complementa con imágenes? ¿Y por qué les ha tomado desde que lanzaron su disco en 2016 hasta ahora para lanzar este nuevo sencillo?
Tomamos este tiempo porque previamente lanzamos dos videos, uno con la productora Los Amigos, un colectivo que hace cosas muy extrañas y que van desde punk hasta reggaeton, ellos lo produjeron y eligieron “Juego sucio” al ser la rola que más les gustó. Después Nick Sed  hizo “Vad”, que es una rola instrumental.
Acerca de “Affaire” lo hicimos a mediados del año pasado y considero que es el video más acertado, el mejor producido. Tuvimos la suerte de trabajar con Alberto Zelig, quien es un director de cine bastante bueno y medio enfermito. Fue padre trabajar con él.


¿Cuáles son los instrumentos de batalla con los que suele trabajar Vete Al Diablo?
Memo, el baterista, viene de una vena progresiva y  cuidamos el detalle de contar con una batería básica  como se usaba en los sesenta y setenta. Hemos hecho configuraciones del instrumento como el hecho de no contar con toms de aire para centrarnos en los de piso. Las marcas habituales son Tama y Maple, nos han funcionado. Y próximamente tendremos una Rogers.
En cuanto a las cuerdas, Irvin y yo somos fans de Fender, él tiene un amplificador Bassman y un Phil, que es de bulbos. Él toca también con guitarra Stratocaster, Telecaster y una Jaguar.
Somos fierreros, no usamos nada digital ni en las pedaleras, porque preferimos los cacharritos 
Irvin, por ejemplo, tiene alrededor de 20 pedales que ha comprado a lo largo del tiempo y los intercala acorde con el sonido que andemos buscando en determinado momento.
De mi lado uso un bajo Thunder y uno Gibson, ése es un bajo muy ponchado y suena muy carbón cuando tocas distorsiones. También tengo un Fender Jazz Bass que incluso creo que suena mejor que el Thunder. En amplificador uso Ampex de bulbos.
A grandes rasgos es lo que utilizamos.
 
¿Cómo describes presentaciones en vivo de la banda? 
Son orgánicas, in your face, salvajes, eso tiene que ver con que somos más una banda en vivo que una de estudio, así crecimos y nos ha gustado. Tocar en vivo es lo máximo y no hay nada igual. Nada supera subirte a un escenario y tocar tus rolas. Y eso se nota. 
Para gente que no nos había escuchado y lo hizo en algún bar o foro donde hayamos tocado después se ha acercado a decirnos que les gustó. Eso estimula, porque no somos una banda de virtuosos, mis compañeros son muy buenos, pero en lo que hacemos no hay espacio para el virtuosismo. La ejecuciones en vivo trabajan en función de las rolas y no a favor de la individualidad.
Eso sí, trabajamos mucho en la parte técnica del souncheck para no tener contratiempos en el escenario.
 
¿Palabras finales para despedir esta conversación?
Agradecer el espacio y que estén pendientes de Vete Al Dianlo, la idea este año es volver a meternos al estudio, sacar otro vinilo y tocar en todo lugar que sea posible. Escuchen nuestro disco para porque estamos muy orgullosos de él.
 
Por: J. Alejandro Rojas Luna