Frontón México

1 de febrero de 2018 // 22:20 hrs.

Es curioso como las canciones consiguen estallar al interior de los escuchas, más aun cuando se comparte el mismo espacio por medio de un concierto, suceso donde los hacedores de música demuestran su verdadera capacidad, una donde Rhye, el proyecto dirigido por Mike Milosh tras la separación creativa con Robert Hannibal, ahora ha expandido sus posibilidades por medio de la incorporación de más elementos hasta el punto de ser un septeto (al menos en gira) donde cohabita la energía del soul, el rhythm & blues, los apoyos electrónicos, el funk, el rock e incluso secciones de cuerdas y alientos.

De este modo es que la quinta visita de Rhye a este país tuvo como recinto el Frontón Mexico, espacio establecido desde 1929 en Plaza de la República, colonia Tabacalera, pero que quedó en desuso hacia 1996, y no fue sino hasta 2107 que emprendió un nuevo ciclo, mismo que abarca conciertos, siendo el del 1 de febrero aquel donde la andrógina voz de Milosh controló el espacio y lo hizo coincidiendo con el lanzamiento oficial del segundo disco de estudio titulado Blood (Loma Vista Recordings).

“3 Days” fue la primera en abrir y a partir de ella se desplegó la sensualidad que buscaba generar cercanía con la audiencia por medio de los teclados, el saxofón, el violines que se conjuntaron con la elegante base rítmica bajo-batería en perfecta sintonía con la guitarra.

En términos generales esa fue la tesitura del desfilar de canciones, pero con una peculiaridad clave consistente en los arreglos que surgían en momentos determinados y hacían arreciar el ritmo de manera que las piezas asumían rasgos tan inéditos como contundentes. Ese detalle elevó la potencia e intensidad con que canciones como “The Fall”, “Last Dance”, “Verse” u “Open” fueron percibidas.

Con lo anterior en cuenta es que puede afirmarse que la música de Rhye posee alma por la mezcla hecha entre instrumentos convencionales y virtuales con forma de beats, aspecto que convoca un tipo peculiar de público que uno no anticipa ver reunido en un mismo espacio, puesto que el inmueble casi llenó su capacidad con gente que vio a la banda pisar el escenario los primeros instantes ataviada con sombreros de charro y un zarape por parte de Milosh.

Fue entonces este el marco global de una presentación que cerró dentro de la medianoche y en donde se tiene la certeza que en algún momento determinado regresará a México en vista que el proyecto tiene carta de naturalización con los oídos que aquí lo aprecian.

Será cuestión de tiempo.

Por: J. Alejandro Rojas Luna

 

P.D. Lo-Fang, el nombre artístico de Matthew Hemerlein, abrió el concierto por medio de su propuesta folk compaginada con secuencias que produce en vivo para armarse de bases rítmicas, característica que lo convierte en un hombre orquesta que obedece a su propio ritmo, cuestión con la que no necesariamente la mayoría de la gente se identificó, aunque por respeto se le prestó al menos un mínimo de atención y se le ofrecieron tibios aplausos.

Situación semejante ocurrió con Matilda Band, agrupación mexicana donde jazz, blues y rock se fusionan entre cuerdas, alientos y percusiones, pero donde se notó que todavía se encuentran dentro del trayecto de hacerse de un sonido propio debido a las semejanzas manifiestas con proyectos dotados de características similares. Están a tiempo para desarrollarse mejor.