CINE/TODDAO CINEMA NOVEL: Stafa Wars Episodio VIII: entre nada que aportar y el imperio contrataca otra vez y otra vez y otra vez…


Título: Star Wars: los últimos Jedi (Star Wars Episode VIII: the last Jedi)

Director: Rian Johnson (EUA 2017)

Guion: Rian Johnson.

Fotografía: Steve Yedlin.

Actores: Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver.

No es noticia, se estrenó Star Wars Episode VIII: The last Jedi (Johnson, 2017); tampoco es noticia que se generaron polos de opinión respecto a si es buena o no; a “si me gustó” o “no me gustó”; críticos y reseñistas oficiales contra fanáticos de la franquicia; y uno de los argumentos más usados acerca de su éxito es su desempeño en taquilla. Irónicamente, dicho argumento es esgrimido por medios y público, cuando pertenece, y sólo debiera interesar, a los inversionistas y ejecutivos que conforman la maquinaria detrás de una película que no aporta nada salvo 152 minutos de entretenimiento blanco.

1

The Last Jedi trata de un grupo de rebeldes que después de anotarse un hit al aniquilar un arma de destrucción planetaria llamada Starkiller Base, se ven perseguidos por la organización fascistoide The First Order, especie de imperio intergaláctico, que los va diezmando y acorralando al grado de obligarlos a realizar acciones extremas; mientras que simultáneamente, una joven superdotada con la Fuerza sale en busca de un maestro que le enseñe a controlar sus poderes para así poder regresar a la pelea y acabar con los malvados.

No, no es broma, así como The Force Awakens (Abrams, 2015) se planchó a la película original de Star Wars, este nuevo episodio se plancha a The Empire Strikes Back (Kershner, 1980), sólo que ahora agrega recursos, como la autoinmolación que ya probaron el beneplácito de la audiencia en Rougue One (Edwards, 2016); entre otros que casi logran que Luke Skywalker grite: “¡Gokū, yo soy tu padre!”, al momento de las batallas entre super saiyajedis; o reírnos de sus toques de humor chabacano, ya en boga por películas de personajes Marvel.

Y “la gran novedad”: nada es lo que parece, en cualquier momento pueden darse giros en la trama, los buenos nos siempre ganan. The Empire Strikes Back ya lo había sustentado, pero bueno, a partir de la adaptación de Game of Thrones a la televisión pareciera que los giros han retomado vuelo. Vaya novedad, es como si un ejecutivo de marketing pasara su mano sobre el público y dijera: “estos no son los androides que ustedes están buscando, siga disfrutando, ahora siga su camino”.

Y las taquillas alzaron su voz y los medios tradicionales y online reprodujeron lo que tampoco es sorpresa: The Last Jedi hizo sonar las cajas registradoras y una mano invisible puso el argumento en boca de medios y públicos, declarando que la cinta “haiga sido como haiga sido” ya es un éxito. ¿Qué pudiera haber detrás de dicho argumento? Una pista pudiera encontrarse en el hecho de que se trata de una secuela.

2

Con cierta frecuencia hemos escuchado hablar de las franquicias de películas, videojuegos, novelas o series de televisión. En este contexto, las franquicias son una colección de historias que conllevan una relación, ya sea por sucesión temporal y/o por compartir un espacio ficticio. La colección deriva evidentemente de un trabajo original cuya propiedad intelectual puede ser intercambiada o licenciada para su aprovechamiento comercial y a lo largo de diversos medios y productos; ejemplos de franquicia son Star Wars, Harry Potter, el Universo Marvel, entre muchos otros.

Aunque los autores pueden acceder a las ganancias derivadas de sus regalías, los verdaderos ganones son los ejecutivos y las empresas para las que trabajan, quienes logran que el negocio funcione. Además, si bien las franquicias no son un recurso exclusivo del cine hollywoodense o mainstream, por sus características y requerimientos presupuestales suelen manifestarse más en ese lado de la cinematografía que en la parte independiente.

La existencia de franquicias fílmicas no es nueva y es una estrategia del cine, como industria, que ha cobrado mayor fuerza por un componente sencillo: las secuelas contraen built-in awareness, algo así como la construcción de lo que es o puede ser familiar o reconocido para el público espectador, debido a que lo que resulta familiar puede generar mayor consumo. Esto resulta en que, mientras más secuelas se realicen, mayor la audiencia que las seguirá con el paso del tiempo, efecto que no se contiene a un mercado interno, sino que puede ser replicado en cualquier país.

El incremento en Hollywood del uso de franquicias se debe a que éstas pueden convertirse en producciones que sostengan y ayuden al financiamiento de una compañía productora a lo largo de los años e incluso décadas. Por ello no sorprende que los grandes estudios no sólo las produzcan, sino que las buscan y desarrollan cada vez con mayor frecuencia, lo cual se ha demostrado estadísticamente.

Aun así, no se debiera dar por hecho una causalidad (ni siquiera una correlación) entre el éxito en la taquilla o comercial con la calidad narrativa e interpretativa de una obra. Esta separación parece obvia, pero, como el ejemplo comentado aquí, se sigue haciendo.

3

Al ser una secuela, The Last Jedi tiene por definición la característica de no ser una obra original (correcto), sin embargo, pudiera hacer el esfuerzo por presentar su propia identidad (no sólo no lo logra, sino que se esfuerza por perderla). Son muchos los componentes que pudieran analizarse, baste con mencionarse uno que me parece fundamental: la nueva saga se ha desviado de seguir un esquema narrativo que ha acompañado a Star Wars y a la humanidad a lo largo de toda su historia, me refiero al rito de paso o de iniciación, el viaje del héroe.

Aunque no es el único autor, tal vez Joseph Campbell sea uno de los investigadores más celebrados y leídos cuando se trata de héroes; el mismo George Lucas ha comentado su admiración por Campbell, antes y después de haberlo conocido en persona, así como la influencia de sus investigaciones en su concepción de Star Wars.

Sintetizando la concepción del monomito de Campbell, este consiste en que todo héroe debe emprender un viaje, salir de su hogar para enfrentarse al mundo, en ese enfrentamiento deberá realizar diversas pruebas y sacrificios con lo cual demostrar que es digno de pertenecer a un grupo, o de recibir algún tipo de recompensa: reconocimiento del padre, un matrimonio, un objeto divino o una restauración; aunque también está la amenaza de que fracase. Algunos ejemplos muy conocidos pueden ser: el Rey Arturo, los evangelios sobre Jesús, las historias de Batman (y casi cualquier superhéroe), Edipo Rey, las pruebas de Heracles, Dragon Ball, Tepoztécatl, Huitzilopochtli; entre muchas otras de todas las épocas y civilizaciones, religiones y obras de ficción.

El éxito de el viaje del héroe y su permanencia se debe, en parte, a que todos podemos representar al héroe (no sólo aspirar a serlo) ya que, en la vida diaria, si no nos esforzamos por enfrentar las pruebas que se nos presentan no podemos seguir adelante, ya sea en el trabajo, con nuestra familia, con nuestra pareja y en otro tipo de relaciones interpersonales y grupales; pero ojo de no confundir la asimilación del viaje del héroe en nuestra vida cotidiana con el pensamiento mágico supersticioso de que las cosas se merecen sólo porque sí: por “ser bueno” o por ir a misa o por escribir un tweet.

Ese esquema del viaje del héroe que ha acompañado a la humanidad con sus múltiples variantes está deformado en The Force Awakens y The Last Jedi, donde por alguna razón la Fuerza ha decidido democratizarse y ofrecer sus beneficios a todo mundo, sin necesidad de que los personajes tengan que emprender un viaje para acceder a su recompensa, sin necesidad de entrenamiento, educación, reflexión profunda, deseo de redención; ahora la Fuerza puede ser usada por quien sienta que la merece sólo porque sí: por ser pobre y oprimido, por estar cerca de los buenos o por usar la escoba. La otrora recompensa se ha convertido en una Fuerza viva… limpio por dentro y limpio por fuera.

De esta forma la nueva saga ha perdido identidad, no sólo dentro de la franquicia, sino también dentro de una narrativa y un esquema de pensamiento humano, en aras de una sin razón que no se sabe si responde a intereses comerciales, a ignorancia de los realizadores, o a deseos de innovar, tan codiciados como estériles al no aportar nada.

La sin razón se destapa con la forma de una contradicción dentro de la misma propuesta que hiciera Star Wars: aplicar la Fuerza requería de trabajo y disciplina para lo cual se preparaban los caballeros Jedi, muchas veces obteniendo sabiduría y virtud al ejercer ese camino. En oposición, los estudiantes que se dejaban dominar por el miedo buscaban acceder a la Fuerza de forma fácil, sin esfuerzo, obtener poder como beneficio personal y cediendo así su voluntad al lado oscuro.

Si ahora el acceso a la Fuerza no cuesta trabajo, la forma de obtener poder se asimila más al camino del lado oscuro y queda eliminada cualquier barrera para que todas las criaturas temerosas accedan a su cuota de poder y puedan lograr sus caprichos.

Por mucha innovación que los nuevos equipos de realizadores quisieran alcanzar con los “no-innovadores giros” que le han estado dando a la trama, pareciera que su narrativa carece de cualquier lógica y fondo, pues no pasan de contar una historia de recreo; ¿o será que la realidad corporativa y comercializadora rebasó cualquier afán de los realizadores y su ficción y ahora lo moldea bajo el precepto de que el perverso Imperio no va a ganar, sino que ya ganó y desde hace ya varios años?

Por: Víctor De Lucio @elipsigrafo

 

Otras lecturas recomendadas:

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=006218L

https://www.elsotano.com/libro-lo-sagrado-y-lo-profano-10022879

 

PageLines