COBERTURA Arcade Fire y la gracia de protagonizar uno de los mejor conciertos de 2017 en la Ciudad de México

Esbozar una reconciliación implica reconocer dónde se originó el punto de conflicto que deterioró una relación hasta llegar al extremo de considerar la ruptura entre las partes… Y esto es lo que para muchos de los asistentes ocurrió durante el concierto que Arcade Fire ejecutó la noche del pasado 29 de noviembre, cuando, al interior del Auditorio Nacional, la banda esgrimió los argumentos y defendió las razones por las cuales Everything Now, su más reciente y cuestionado disco de estudio, fue concebido como una obra conceptual desde la cual se ejerce crítico sarcasmo contra el capitalismo ultra salvaje promovido por las corporaciones en contubernio con los gobiernos. 
Y qué decir del área estrictamente musical del disco, basada en tecnología e infinitos recursos procedentes de consolas de grabación operadas por diestros productores: Thomas Bangalter (de Daft Punk), Steve Mackey (de Pulp), Markus Dravs (Björk, Brian Eno) y el propio Arcade Fire, los responsables directos del apego por el baile.
Cualquiera que sea el caso, dudas y objeciones comenzaron a despejarse desde el comienzo del concierto cuando la obscuridad se hizo en el recinto, salvo algunas luces que se conjugaron con las imágenes proyectadas en las tres pantallas utilizadas, mismas que trataban de iniciar una transmisión mientras las notas de la “Suite Orquestal No. 2 en B Menor”, de Johann Sebastian Bach, se convirtieron en el preámbulo para que la banda fuese enfocada desde una puerta, cual si fuesen peleadores ansiosos de subir al escenario, mismo que emulaba un ring de boxeo, y no uno de lucha libre como erróneamente se ha comentado en otras fuentes. Tal introducción ha sido así durante todo el Infinite Content Tour.
Fue así como el conjunto se mostró listo para iniciar su camino por el pasillo, ocupar sus lugares y soltar los primeros y rotundos puñetazos a la cara con “Everything now”, la canción que en el disco y el concierto empezó a trazar el círculo por donde se transitaría hasta regresar al punto de origen. 
A partir de ella los hermanos Win (voz, composición, guitarra y piano) y Will Butler (guitarra, coros, sintetizados y percusiones), Régine Chassagne (voz, acordeón, batería de acompañamiento, teclados y xilófono), Richard Reed Parry (guitarra, coros, contrabajo, teclados, batería de acompañamiento y percusiones), Jeremy Gara (batería) y Tim Kingsbury (guitarra y bajo), además de la imprescindible incorporación de Sarah Neufeld (violín, coros y teclados), la cual portaba una chamarra con la leyenda “Mexico is the shit” (frase y prenda creadas por el diseñador Andar Layón, y que en su momento no entendió una diputada del PRI), junto con un especialista en las percusiones, aunado a otro maestro en instrumentos de viento, mostraron lo emocionante que es presenciar en vivo la conjunción de todos los instrumentos y la rotación de posiciones que gradualmente realiza este conjunto de multiinstrumentistas. En esta pieza la flauta transversal sonó hermosa y la energía derivó a “Signs of life”, ese corte evocador de ambiente disco que hizo iluminar la bola de espejos que colgaba del techo. Saxofón y sintetizadores a tope se combinaron con las palmas de las manos que la audiencia chocó.
Siguió evocar al disco Reflektor (2015) con “Here comes the night time”, corte que celebra los ritmos caribeños, y que tres años después encontró su complemento con “Chemestry”. Y para rematar el tono de este segmento hizo su arribo la clásica “Haiti”, del glorioso disco debut Funeral (2005), donde Régine Chassagne tuvo el primero de sus consabidos momentos estelares.
Acto seguido, ocurrió una de las mejores selecciones de canciones que alguna vez la banda haya conformado. Es así que inició “No cars go” (Neon Bible, 2005), obra que Win Butler, explicó, se compuso cuando pensaron que la administración de George Bush había sido algo demasiado malo, pero jamás pensaron que las cosas podrían empeorar, esto en alusión al sujeto nocivo que gobierna actualmente Estados Unidos. En esta canción, violín, acordeón, batería, trompeta, y el resto de los instrumentos, fueron elevados gracias al canto y exclamaciones de la gente: We know a place where no planes go / We know a place where no chips go / No cars go (Hey!) No cars go / Where we know / We know a place no chips go / We know a place where no sube go”.
“Electric blue” (Everything now) e “Intervention” (Neon Bible) formaron una curiosa sinergia, una por su talante funky-electrónico y la otra por el sonido que remite a órgano de iglesia donde uno puede encontrar algo de consuelo. Momento conmovedor de principio a fin al entonar colectivamente: Working for the church / While your family dies / You take what they give you / And you keep it inside / Every spark of friendship and love / Will die without a home / Hear the soldier groan, “We’ll go at it alone”.
Con “Ocean of noise” (Neon Bible) ocurrió un momento tan anecdótico como entrañable, ya que hacia la mitad de la ejecución subió un conjunto de mariachi, el mismo que estuvo en el lobby del Auditorio Nacional antes del inicio del concierto, pero hasta entonces se desconocía el motivo de su presencia. Así, aunque el mariachi en realidad tuvo una participación de discreto acompañamiento, lo que sí consiguió fue reforzar la empatía entre la banda y el público. Sobra decir que se trató de una delicada y enternecedora interpretación que desembocó en la emblemática “Neighborhood #1 (Tunnels)” y “The Suburs”, que fue dedicada a todos aquellos que perdieron un familiar en el terremoto del pasado 19 de septiembre.
Al cabo de lo anterior se escuchó el llamado a la acción que representa “Ready to start” (The Suburbs), y después se cedió pasó a la voz de Régine interpretando “Sprawl II (Mountains beyond mountains)”. Aquí ella se regodeó haciendo una coreografía agitando cintas de colores. Por su parte, “I’ts never over (Oh Orpheus)” se colocó como el anticipo perfecto a “Reflektor”, canción que en su día, al lado de David Bowie, estableció el rumbo bailable y de tendencias electrónicas por donde la banda se sigue moviendo.
“Afterlife”, “Rebellion (Lies)” y “Creature comfort” concretaron un entusiasta trío donde la esencia de los dicos Reflektor, Funeral y Everything Now, coexistieron con naturalidad tal que sirvió para pausar el concierto y regresar al cabo de pocos minutos con el encoré integrado por el synth pop contenido en “Put your money on me”, el remanso que representa “We don’t deserve love” (donde se hace golpeteo a botellas de cristal). Este puñado de canciones enmarcó el cierre del recital con la ya citada “Everything Now”. Win y Richard, por cierto, en este segmento también portaron chamarras Mexico is the shit.
Así es como el círculo se había completado, pero quedaba en su interior proyectar el ansiado momento de escuchar “Wake up”, probablemente la canción más representativa de la primera década del Siglo XXI, ya que en su ser la gente se congregó para alzar los puños y exclamar: Ooooh-oooh, Ooooh-oooh, ooooh-oooh, ooooh-oooh, oooh-oooh…, esto como una muestra fraternal que sirve para celebrar la vida haciéndole frente a la adversidad. Dramatismo y emoción al unísono.
Éste es el punto donde reapareció el llamado mariachi ‘Princesa’, cuya función fue acompañar la despedida de Arcade Fire, quien caminó entre la gente y extendió con algunos instrumentos en mano la referida exclamación que dota de identidad a “Wake up”.
Despedida perfecta para confirmar que la banda dio uno de los mejores conciertos de 2017, al menos en lo que el Auditorio Nacional se refiere.

Al día siguiente el grupo realizó su última presentación en este recinto, y quienes acudieron coinciden en haber atestiguado y participado de un concierto excepcional.
Se ha dicho que Arcade Fire en Estados Unidos se ha presentado en arenas a medio llenar, aspecto que difiere a lo vivido en la Ciudad de México. Por lo visto la presente gira depende de contar con el público correcto, uno que, en el caso de México, cuenta con personas que se reconciliaron con la banda y esperan su regreso.
Por: J. Alejandro Rojas Luna (Texto dedicado a mi mamá, abuela materna y mis hermanas)
P.D. Bomba Estéreo, el combo colombiano acompañado con excelente base rítmica, bajo y batería, abrió el concierto de Arcade Fire y lo hizo con sus letras compuestas con mensajes sencillos y elementales, mismos que hablan de equidad, armonía, celebración y fiesta, todo esto equilibrado con música intensa donde coexisten instrumentos típicos y característicos de los grupos de cumbia de la Región Caribe, elementos de rock, reggae, electrónica y hasta sonidos tocadores de Medio Oriente.
Ayo (2017), es su producción más reciente, y escuchar en vivo los ideales que de ese disco se desprenden funcionó como un muy buen paliativo para mitigar, al menos por unos instantes, la violenta realidad que se vive todos los días en México.
PageLines