COBERTURA Una experiencia atípica con la Orquesta Típica

 

La Orquesta Típica de la Ciudad de México presentó en el Castillo de Chapultepec un programa especial para celebrar el Día de Muertos bajo la dirección de Salvador Guízar.

El domingo 29 de octubre la Orquesta Típica se unió al popular festejo del que tal vez sea la tradición más conocida de nuestro país a nivel internacional, por lo que resultó muy significativo que una institución musical también de mucha tradición, ya que fue fundada el 1 de agosto de 1884, programara una selección musical que reflejara el crisol cultural mexicano apropiado para estas fechas.

El concierto inició con el Homenaje a Miguel Lerdo de Tejada (quien dirigió a esta orquesta de 1901 a 1941), de Jesús Echevarría, obra que consta de 4 partes y que abre con una polka llamada Tiempo de Pollos y Catrinas, le sigue el vals Cecilia, continúa con En Paz (poema de Amado Nervo) y cierra con un son de occidente titulado Jaripeo.

Como segunda obra del programa, la Típica interpretó Tristes Jardines del compositor tapatío José de Jesús Martínez, quien por cierto muriera fusilado durante la Revolución Mexicana.

Siguió La Martiniana, escrita por el oaxaqueño Andrés Henestrosa y música basada en un popular son tehuano de autor anónimo.

El programa continuó con Décimas a la Calaca, del también autor oaxaqueño Jorge Moreno, cuya interpretación resaltó con los instrumentos típicos que dan nombre a esta orquesta y que le dan un sonido muy particular.

Prosiguió el estreno en el repertorio de la orquesta del son veracruzano La Bruja, atribuida al músico jarocho José Gutiérrez.

Siguió el popular son La Llorona, un clásico infaltable de esta temporada, un son que se cree procede de la región del istmo aunque de autor desconocido y de la que existe variedad de letras.

El considerado por muchos como el himno de Oaxaca Dios Nunca Muere, del compositor oriundo de ese estado Macedonio Alcalá, hizo acto de presencia mediante la fina ejecución de los músicos de la histórica orquesta.

Otro estreno, La Calaca, de Amparo Ochoa y José Hernández (en cuya letra se aprecia una crítica social y política a la usanza pícara de las tradicionales calaveras literarias), cerró el programa con el lucimiento de los músicos y el coro, de manera que dejó al público asistente ovacionando de pié y pidiendo la también tradicional “otra”, la cual fue complacida por la Orquesta que volvió a tocar Dios Nunca Muere.

Por: Mario González

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