RESEÑA The Joshua Tree Tour en México, bálsamo de emociones en un país que requiere hacer catarsis

El 9 de marzo de 1987 fue publicado The Joshua Tree, quinto disco de estudio de U2, mismo que fue grabado en los estudios Windmill Lane de Dublin, Irlanda, y contó con la producción de la dupla Brian Eno y Daniel Lanois. El arte gráfico estuvo a cargo del fotógrafo Anton Corbjin, en el Death Valley National Park (desierto de California), sitio donde tenía echadas sus raíces el árbol de Joshua.

The Joshua Tree era un disco donde el cuarteto irlandés mostraba la necesidad que tenía de asimilar y ejecutar la música emanada de Estados Unidos, país donde los sonidos del blues, el soul, el folk y el pop se amalgamaron para derivar, junto con otras corrientes, en el Rock and Roll, el género de mayor trascendencia alrededor del mundo desde mediados del Siglo XX. Paralelo a esto la banda también fincó en este esfuerzo las bases para consolidarse dentro del mercado y los medios de comunicación estadounidenses, aspectos que en conjunto funcionaron a la perfección y sentaron las bases del rumbo que gradualmente seguirían Paul David Hewson/Bono, Dave Howell Evans/The Edge, Lawrence Joseph Mullen, Jr/Larry Mullen y Adam Charles Clayton.
 
Pero The Joshua Tree no sólo se centraba en la geografía física y musical del país que con arrogancia se hace llamar ‘América’ sino que el contenido del trabajo también abordó problemáticas del continente americano, aquel donde cohabitamos 35 países y, en donde por medio de dos canciones, U2 abordó la guerra civil en El Salvador y los estragos provocados por la dictadura militar de Augusto Pinochet.
 
Se trataba entonces de un disco planeado, confeccionado y materializado para ser atemporal, puesto que su temática desde entonces se ha adaptado a los tiempos y distintas situaciones.
 
Así, a treinta años de este contexto histórico, U2 es una banda muy distinta a la que fue alguna vez, porque hace mucho dejaron de ser sólo un grupo abocado a la música para convertirse en una corporación que tiene presencia en distintos ámbitos, desde marcas, bienes raíces y hasta participación en causas sociales, misma que con el pasar de los años han sido cuestionadas desde más de un ángulo.
 
Sin embargo, con The Joshua Tree Tour, la gira que actualmente conmemora el aniversario del álbum, ha quedado palpable que las once canciones contenidas en ese material trascendieron los propios cambios de la banda e incluso acciones de sus integrantes (particularmente Bono), porque dichas canciones forman parte de las emociones, identidad y etapas en la vida de las personas que los han seguido desde entonces, y quienes también han cambiado dado que los jóvenes de hace 30 años ahora son personas muy distintas y con otras vidas, para bien o mal.
 
De este modo, las noches del 3 y 4 de octubre, U2 se presentó por doceava y treceava ocasión ante el público de México, país con el que desde su primera presentación en 1992 mantiene una singular y estrecha relación (incluido el grave incidente motivado en 1997 por los hijos del entonces gobernante Ernesto Zedillo), misma que en esta ocasión sumó el elemento de los sismos ocurridos los pasados días 7 y 19 de septiembre.
 
Así, alrededor de las 21:20hrs, las luces del Foro Sol bajaron su intensidad para que sonará la grabación de “The whole in the moon”, pieza perteneciente a The Waterboys y seleccionada para ser el preámbulo del inicio de la experiencia que arrancaba con el andar del cuarteto a través del escenario hasta ocupar los instrumentos de los cuales habrían de sonar las notas que se convertirían en “Sunday bloody sunday” y “New year’s day”, respectivamente, ambas provenientes del disco War (1983). Desde el comienzo U2 sonaba fuerte, afilado y en pleno control de sus facultades tanto en guitarra, base rítmica, voces y vigor escénico, características que parecían multiplicarse a cada arremetida que sucedía dentro de los puntos clave de cada canción. Este es el modo como buena parte de la audiencia los aprecia, reconoce y valora.  
El año de 1984 se vería representado por “Bad” y “Pride (In the name of love)”, elementos fundamentales del The unforgettable fire (1984), espacio donde el detalle incorporado a Pride fue la entonación de un fragmento de “Heroes”, esa genialidad autoría de David Bowie, misma que aquí fue dedicada a las personas que en México se volcaron con acciones genuinas a aportar lo que se pudiese para las personas afectadas tras el sismo. La búsqueda de respuestas, amor y valor condensados en estas tres obras.
Acto seguido tocó el turno para que la gigantesca pantalla de más de 61 metros de largo y 14 de altura, la cual hasta entonces había permanecido sutilmente encendida, entonces adquiriera el tono rojo intenso que marcaba el comienzo de la ejecución de todo el Árbol de Joshua, siendo el corte abridor “Where the streets have no name” (con inserto de “California (There is no end of love)”/Songs of Innocence -2014-), “I still haven’t found what I’m looking for” y “With or without you”. Pocos discos cuentan con tres canciones abridoras que sean clásicos innegables para todo tipo de publico, y justo esta producción cuenta con ellas, además de “Bullet the blue sky” (con insertos de “The star-spangled banner” y “America (West side story)”, pieza concebida para rememorar los bombardeos estadounidenses en El Salvador durante 1987.
Prosiguieron “Running to stand still”, “Red hill mining town” e “In God’s country”, segmento pausado donde desde siempre el conjunto buscó representar el paisaje, el reconocimiento a la clase trabajadora, la cultura, el erotismo y la fe, todo esto con marcados acentos de blues y gospel.
Cabe destacar que esta gira, en cierto modo, ha sido una remembranza de la forma en la cual eran los conciertos de estadio antes del uso, ahora imprescindible, de los grandes monitores para apreciar todo detalle en el escenario, ya que salvo determinados momentos donde eran enfocados los integrantes, en realidad uno solo podía apreciarlos como pequeñas figuras. Básicamente la música era el elemento primordial y la inmensa pantalla su complemento.
Con esto en cuenta después fueron interpretados “Trip through your eyes”, “One tree hill” y “Exit” (con insertos de “Wise blood” y “Eeny meeny miny moe”), corte este último que previamente contó con la proyección del extracto de un programa de televisión de los años cincuenta titulado Trackdown, acerca de un estafador llamado Walter Trump que prometió construir un muro para mejorar la seguridad de la comunidad. Cualquier semejanza con la realidad actual NO es coincidencia.
Y la culminación del The Joshua Tree llegó con “Mothers of the disappeared”, la canción que tomó como punto de origen la represión en Chile consecuencia de la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, quien fue respaldado por el gobierno en turno de Estados Unidos. “Mothers…”, contó con la intervención visual de mujeres sosteniendo velas, en alusión a las madres que durante la dictadura sufrieron la pérdida de sus hijos y a la fecha siguen buscándolos.
 
Este fue el momento para hacer la primera pausa del concierto, y al término de ella se escuchó la inocencia de “Beautiful day”, originaria del All that you can’t leave behind de 2000 (con inserto de “Starman”). Asimismo, retumbó “Elevation” con el conocido conteo ‘1, 2, 3.. 14’, el cual en su día fue un error que quedó para la posteridad dentro de la placa How to desmantle an atomic bomb (2004), pero siempre ha sido motivo en concierto de propulsar el ánimo que se expande hasta que comienza a escucharse “Vertigo” del mismo material.
Nuevo momento de reposo en el foro para prepararse con el cierre compuesto por “You’re the best thing about me”, perteneciente al U2 actual que no necesariamente consigue conectar con el público más allá de los leales seguidores, esto debido a la falta de profundidad y significado que sí poseen “Ultraviolet (Light my way)” y “One”, ambos himnos de Achtung baby (1991), obra que seguramente cuando toque el momento también celebrará gira conmemorativa por sus respectivo 30 años de existencia.
Ultraviolet esta ocasión se articuló para que fuese un entrañable reconocimiento al rol de la mujer en general, aspecto representativo en un país como México que se encuentra entre las cinco naciones con mayor número de feminicidios a nivel mundial. Al respecto, en la pantalla desfilaron los rostros de mujeres destacadas de distintas nacionalidades, siendo el caso de nuestro país representado por la periodista Carmen Aristegui, las actrices Salma Hayek y María Félix, la pintora Frida Kahlo, la escritora Sor Juana Inés de la Cruz, la indígena zapatista Comandanta Ramona, además del crisol femenino que representó hace poco tiempo la marcha #NiUnaMenos”.
Y qué decir de este momento de reflexión enlazado a “One”, canción que en diversos idiomas, desde su origen, ha indicado que somos uno, y ahora quedó enmarcada con la silueta del Sol Azteca primero, y la bandera mexicana después. Momento oportuno para que estallase el grito “México, México, México…”, acompañado de las palmas.
¿La última pieza? La noche del martes 3 fue “Spanish eyes” y el día 4 “Sweetest thing”, dos canciones ubicadas como lados B del Joshua Tree, disco situado entre las obras trascendentes del rock de todos los tiempos.
Ahí quedan fijos en la memoria detalles como la difusión en pantalla del poema La frontera, de Alberto Ríos, quien abordó la problemática motivada por la línea divisoria entre México y Estados Unidos. O bien el canto de un fragmento de “Cielito lindo” en voz del público, pues esa pieza formó parte del modo en que los voluntarios daban por terminadas las labores de rescate en algún lugar siniestrado tras el ya referido sismo. De igual manera queda el registro de la cita del escritor colombiano Gabriel García Márquez: “el espíritu de México nunca se romperá”.
 
En efecto, U2 ya no es la banda que fue e inspiró la conciencia de mucha gente hace 30 años, pero nosotros también hemos cambiado y sus canciones se mantienen como parte imprescindible de las personas que somos en la actualidad. Personas que al menos durante el tiempo que pueda durar un concierto están dispuestas a hacer catarsis ante la realidad.
 
Hasta pronto.
 
 
Por: J. Alejandro Rojas Luna
Fotos: u2.com

 

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