CINE/TODDAO CINEMA NOVEL La derrota de Dunkerque

Dunkerque (Dunkirk)

Director: Christopher Nolan (RU, Países Bajos, Francia, EUA, 2017)

Guion: Christopher Nolan

Fotografía: Hoyte Van Hoytema

Actores: Fionn Whitehead, Damien Bonnard, Aneurin Barnard, Mark Rylance

 

El hecho histórico

Del 25 de mayo al 4 de junio de 1940, se realizó el retiro de tropas británicas de la costa de Dunkerque, con lo cual concluía la defensa del territorio francés, destinada al fracaso desde que sus líderes consideraran a la Línea Maginot como una buena apuesta y al territorio de los Ardennes como una barrera natural que prevendría la invasión, entre otras consideraciones que los nazis pasaron por encima.

En sólo seis días, los alemanes habrían alcanzado las costas del norte de Francia, acorralando a las fuerzas británicas, belgas y francesas en el puerto de Dunkerque, donde, gracias a una pausa táctica del ejército alemán, se dio una ventana de oportunidad para levantar barricadas y lograr la evacuación de 332,226 hombres.

Se dice que Winston Churchill habría declarado “debemos ser cautelosos de no darle a este rescate los atributos de una victoria. Las guerras no se ganan con evacuaciones”. Y es que las bajas británicas abarcaron 68,111 muertos, heridos y capturados; así como la pérdida de 243 navíos, 106 aeronaves, 2,472 armas de campaña, 63,879 vehículos y 500,000 toneladas de provisiones.

En los hechos, Dunkerque fue: una derrota militar, la rendición de Francia ante el nazismo, pérdida de vidas y tiempo valioso; y por lo mismo, propagandísticamente, es que el gobierno británico habría buscado transformar la derrota en un triunfo, para mantener la moral del pueblo y las tropas, al estilo del poster “Keep calm and carry on”, que habría sido diseñado en 1939 con toda sobriedad y vacuidad.

La versión de Nolan (contiene spoilers)

Con una cinematografía sólida, el filme de Nolan representa la misma sobriedad y vacuidad del “Keep calm…”. Por lo que se puede leer además en críticas y reseñas, hay coincidencias para el aplauso y el espectador asiste a presenciar una obra emotiva, que no se ensucia con la exageración de efectos especiales ni con chorros de sangre, lo mismo que evita diálogos y soliloquios racionalizando la guerra (de hecho, la película contiene escasos diálogos), aunque no logra escapar a lo cursi.

Por ejemplo, pareciera ilógico que Nolan escogiera a un polizón adolescente, el personaje de George (una especie de Pedro el Conejo con chaleco), para representar la tragedia que significa emprender una guerra: el sacrificio de los jóvenes que pelean y mueren por órdenes de los viejos en el poder; cuando en la playa de Dunkerque, el director disponía de más de 300 mil soldados para mandar el mismo mensaje y sin tantas vueltas.

Peor aún, la verdadera responsabilidad de la muerte de George no es la del soldado acobardado que rescatan en el camino, sino en el Sr. Dawson, el dueño del bote, quien se niega a entregar su navío a la marina británica con la intención bonachona de participar personalmente del rescate y que, por las prisas, termina por admitir al joven polizón, George.

El producto de Nolan es apantallador, como suele suceder con la propaganda, incluso con aquella que hoy en día circula en los medios sociales ya sea bajo formato tradicional de cartel o el más moderno de los memes (mims). Es efectivo y conmovedor, provoca exclamaciones y suspiros, inspira a “cumplir con el deber”, apegado al artefacto maniqueísta de que en una guerra hay buenos y malos, en el que Nolan aceita los engranes, lejos de cualquier genialidad que se le quisiera atribuir.

En una época en la que los medios arrojan cada vez con mayor frecuencia noticias sobre: conductores terroristas que arrollan multitudes de civiles bajo argumentos político-religiosos; o sobre conflictos por combustibles (el robo de gasolina, por ejemplo); se antoja difícil pensar que, en las películas de guerra, haya aún espacio para el maniqueísmo y no para la reflexión sobre las alternativas.

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Por: Víctor De Lucio @elipsigrafo

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