[RESEÑA] Everything Now/Arcade Fire

“¿Recuerdan cuando Arcade Fire hacía canciones épicas?” Tal pregunta, palabras más, palabras menos, es una que ahora con motivo del nuevo disco de la banda se ha hecho tanto gente dedicada a analizar música por vocación como también aquellas personas comunes que comparten el interés de prestar atención a la obra de determinados artistas.

Así, dicho cuestionamiento lo motiva Everything Now, el quinto disco del sexteto de Montreal, mismo que confirma el apuntalamiento del sonido basado en la tecnología y la combinación de ésta con los infinitos recursos que aportan las consolas de grabación operadas por hábiles productores que conocen exactamente cómo extraer los mejores ritmos bailables, aspectos todos ellos que se confrontan con el Arcade Fire del pasado, aquel donde la ejecución dramática de múltiples instrumentos se combinaba con la intensidad interpretativa que buscaba sublimar emociones en el espectador. Gospel-rock se decía que era.
 
Bajo este argumento es que en la actualidad el conjunto manifiesta tener dos identidades, una cuyo tiempo pretérito está contenido en los discos Funeral (2004), Neon Bible (2007) y The Suburbs (2010), y otra que comprende la placa Reflektor (2013) y el actual Eveything Now, producción que arranca para sí una hoja del libro de maniobras estratégicas de U2 proveniente del disco Pop (1997), puesto que la idea central del material actual ha sido ejercer crítica y sarcasmo contra el consumo frenético motivado por el capitalismo ultra salvaje del cual formamos parte buena parte de las personas en estos tiempos de Internet y economía global, misma que no constituye beneficio de las mayorías.
 
¿Cuál fue entonces la diferencia entre la visión irlandesa y la canadiense para abordar básicamente el mismo tema, pero con veinte ańos de distancia entre un disco y otro? Que los canadienses apostaron por el enfoque conceptual palpable desde la canción inicial y la final, las cuales responden al mismo nombre: “Everything now (continued)” y trazan un circulo donde el resto de las piezas representan el viaje y la exposición de motivos por donde se transitará hasta regresar al punto de origen.
De este modo, la parte que mejor representa los fundamentos de esta producción yace en el corte homónimo seguido consecutivamente por “Signs of life”, donde a ritmo de disco amalgamado con rock se perciben alusiones al sonido de Blondie. “Creature comfort”, por su parte, cuenta con alusiones al electropop de New Order. Acto seguido se hace un salto hasta “Put your money on me” donde melódicas referencias a Electric Light Orchestra (ELO) se hacen notar.
Complementando la ecuación circulan las piezas “Infinite Content”, donde de no ser por el cambio que se hace del punk al country en un momento determinado, podría decirse que es una composición monótona. Y algo similar sucede con la inocencia vertida en “Peter Pan” y “Chemestry”, ésta con ritmos caribeños de por medio. 
Piezas más elaboradas son “Electric blue”, “Good God damn” y “We don’t deserve love”, caracterizadas por ser baladas donde tonos de sintetizadores unidos a guitarras y pedales son los elementos constantemente utilizados. Todos ellos son buenos cortes en realidad, pero ni  Thomas Bangalter (Daft Punk), Steve Mackey (bajista en Pulp) o Geoff Barrow (Portishead) lograron con sus conocimientos en producción que el disco se sintiera parte de una misma unidad.
 
Así, Arcade Fire pareciera sentirse todavía cómodo distanciándose de lo que hizo con anterioridad, aspecto que mantiene desorientado a sectores de su publico que aún no termina de conectar con esta etapa donde la electrónica juega un rol crucial y tampoco están satisfechos con la salida de elementos como Sara Neufeld, cuyo violín fue excluido durante el proceso de grabación.
No obstante, hay que reconocer que la banda está imponiendo sus propias reglas con los riesgos que ello conlleva. No todos lo hacen.
Por: J. Alejandro Rojas Luna
Texto dedicado a la memoria de Adán Silva. QDEP.
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