[CÓMIC] Música dentro de viñetas: The Crow

La primera edición de este cómic independiente data de 1981, y su concepción ocurre cuando la novia del entonces joven James O’Barr muere en un accidente de tráfico provocado por un conductor ebrio. Ese hecho derivó en el sentimiento de que algo le había sido arrebatado y detonó la necesidad de transmitir el dolor por el cual él atravesaba. ¿A alguien le suena familiar la sensación?

Eso es The Crow, una obra de dolor auténtico donde música y poesía, por medio de citas a poetas clásicos y malditos como Arthur Rimbaud o Voltaire, además de pensamientos en verso del propio O’Barr, se entrelazan con la violencia y la búsqueda de venganza.

Eric Draven, rockero en ciernes, es el personaje que en la imaginación del autor caza y asesina sin clemencia a los pandilleros asesinos y violadores de su novia Shelly, con quien en pocos días se casaría. Eric comienza su cruzada exactamente un año después de lo ocurrido y lo hace acompañado de un cuervo, su instrumento de resurrección, ya que conforme transcurren las páginas descubriremos que nuestro personaje está muerto. Ya no es un ser humano, ahora es un cuerpo impulsado por dolor y pensamiento de revancha, aspectos que el autor justifica con viñetas donde yace la felicidad que en vida tenía, misma que en la realidad y en pasajes oníricos le fue despojada. Por eso el sufrimiento de sus enemigos le es indiferente. No puede sentir, salvo ciertos episodios donde su moribunda nobleza le hace ayudar a una niña de nombre Sherri y a su madre drogadicta.

En su forma gráfica El Cuervo no tiene trazos elegantes, son más bien toscos la mayor parte del tiempo y es justo ese elemento, además de ser a blanco y negro con algunas gamas de grises, lo que nos habla del impulso del autor. Sólo cuando son dibujados los recuerdos y sueños de Eric se emplean trazos delgados, mejor cuidados y con tonos claros.

Tal combinación sincroniza con las referencias musicales que hay en esta novela gráfica. Comenzando por el aspecto físico, pues Eric está inspirado por el Peter Murphy que lideró a Bauhouse.

“La música me provoca el efecto de una droga. Puedo deshacerme en lágrimas a causa de una canción. Por eso Joy Division y las letras de su cantante, Ian Curtis, tuvieron un efecto profundo en mí, como dos almas tratando de tocarse a través de un vidrio”, llegó a explicar O´Barr años antes.

Así, se citan bandas como The Cure (de quien se toma “The hanging garden” del Pornography) y Joy Division (que aporta “Decades” del disco Closer, además de “Komakino”, proveniente del EP derivado de Closer).

Aspectos como ése hicieron que El Cuervo, desde su publicación y durante años posteriores, sólo fuera una obra de culto del cómic undergound. No sería sino hasta 1993 que la obra captó reflectores. Más aún si se agrega la muerte, aparentemente accidental, del actor Brandon Lee.

Como suele ocurrir, posteriormente James O’Barr se dedicó a recabar las ganancias económicas que antes poco percibió. Es así que El Cuervo, por medio de distintas encarnaciones, ya no Eric Draven, se convirtió en una franquicia irregular que cinematográficamente contaría con tres secuelas. También hubo una desventurada serie de televisión.

A pesar del lamentable curso que tomó El Cuervo, la versión original es la que hay que leer cuando algo de consuelo se quiere obtener. Es posible que estos momentos las palabras: “Don’t look, Eric” “Don’t look”, no transmita nada, pero en cuanto se deslicen sus ojos sobre los dibujos y se escuche la música referida, tal vez habrá quien se reconozca en esta obra… Ojalá no sea así.

 

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