Feliz cumpleaños, The Wall
Artículos - 21 febrero, 2012 - 0 Comments
Corría el año de 1979, atrás quedaba una década en la que lo importante era el discurso que sustentaba y justificaba a la música.
Por Enrique Blanc
Estaba por llegar un decenio en el que las formas y prioridades artísticas cambiarían, sobre todo a favor de la apariencia, con figuras que poblarían los videoclips de alta rotación en MTV. Pero en noviembre de aquel año fuimos testigos de la aparición de una de las obras más ambiciosas y mejor logradas en el desarrollo del rock; el álbum doble The Wall, uno de los títulos medulares de la discografía de Pink Floyd.
Acercarse a The Wall en los meses que siguieron a su lanzamiento fue como desembarcar en un lujoso puerto en el que cada detalle estaba tocado por la ambición. Si bien el legendario cuarteto –integrado entonces por Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason– ya nos había acostumbrado a un sonido en el que cada grano de producción estaba calculado, el álbum en turno ahora comprendía dos discos, cada uno con trece canciones, donde los estados de ánimo y la diversidad de recursos instrumentales creaban una obra desafiante y nada fácil de desmenuzar durante las primeras escuchas.
Uno de los grandes logros de The Wall, la obra que concibiera un arrogante Waters en el momento quizá más inspirado de su carrera, fue el hecho de ser imaginada como una novela, en la cual la narrativa sugerida por sus canciones contaba una historia de principio, es decir de la canción “In the flesh?”, a fin, hasta el último track del disco 2, “Outside the wall”, por lo que no es gratuito considerarlo uno de los ejemplos mejor logrados de lo que se denomina como “disco concepto”. Para fines de los setenta, Pink Floyd era uno de los grupos de rock más prestigiados del orbe y era bien sabido que sus conciertos estaban entre las experiencias más solicitadas por los seguidores del género, cosa que hizo aún más espectacular la aparición de este disco, que de inmediato generó grandes expectativas entre quienes queríamos adivinar qué intrincada maquinaria pondrían en juego para presentarlo en directo.
Obviamente, su propuesta narrativa, a la par de su calidad musical, lo hicieron el álbum más rentable del grupo, en lo que a permanencia y posibilidades de reinvención representó.
En principio, la adaptación al cine, realizada por Alan Parker tres años más tarde, las puestas en escena que el grupo hizo, así como las que Waters realizó por su cuenta, ya distanciado de los demás. Quizá en el horizonte del rock sólo la ópera rock Tommy, de The Who –paradójicamente creada una década antes que The Wall y también llevada al cine–, pueda equipararse con ésta, en cuanto a todo lo que les redituó a la larga a sus creadores. Son muchas las razones por las que The Wall, a treinta y tres años de su salida, sigue siendo un disco que fascina. Porque el paso del tiempo, como cantaran los Rolling Stones, sigue estando de su lado.
The Wall representa el momento en el que el cuarteto gozaba de una cohesión instrumental incuestionable. Pero además, me parece también un icono de la época, con ese arte de corte minimalista que adorna su tapa y la inscripción de su nombre como si fuera un graffiti.Tal como lo vimos por vez primera, en doble acetato, o bien ahora en su versión CD y en las completísimas reediciones que han llegado al mercado, el recipiente de varias de las canciones más emblemáticas en la carrera del grupo, como “Run like hell”, “Comfortably numb”, “Hey you” y la ubicua “Another brick on the wall, part 2”, resulta uno de esos objetos que uno quiere tener entre las manos, admirar, oler y, especialmente, redescubrir con el oído.
¿Sabías que…?
En 1979, mientras The Wall iba gestándose en el estudio, la química entre los integrantes de Pink Floyd se deterioraba, a tal grado que se dice que Waters corrió a Wright durante la grabación. Tengamos en cuenta que un año atrás tanto este último como Gilmour habían lanzado discos solistas, mientras Waters trabajaba en los demos de The Wall. Mucho de lo acontecido alrededor de este disco se cuenta en el libro Comfortably Numb. A History of The Wall. Pink Floyd 1978-1981, de Vernon Fitch y Richard Mahon. Es allí donde, entre otras cosas, se afirma que en la grabación del disco participaron músicos que nunca tuvieron crédito en la obra, destacando a Jeff Porcaro, posteriormente baterista de Toto, y al jazzista Lee Ritenour, entre otros.
Como se acostumbra en la actualidad, las reediciones de The Wall que EMI Music ha dado a conocer rebasan todas las expectativas de los consumidores, ofreciendo posibilidades a distintos grados de obsesión y presupuestos: The Wall Immersion Box Set es un paquete con ¡siete discos! que incluye, además del álbum doble original, otro par de CDs con una grabación en concierto hecha por el grupo entre 1980 y 1981, así como los demos de Waters que fue trabajando el cuarteto y un DVD que incluye un documental y algunos videos.
La llamada edición The Wall Experience contiene tres discos CDs, con el álbum doble original y los demos hechos por Waters y la banda. También se reeditará The Wall en acetato, al igual que los demás, con la versión remasterizada por James Guthrie en 2011.
Esto no termina aquí...
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