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Los otros

La Miscelánea - 10 noviembre, 2011 - 0 Comments

La forma en que nos relacionamos con los animales es completamente absurda. Vivimos rodeados de ellos y, sin embargo, parece que no existe ningún tipo de entendimiento, ni respeto, ni compasión por ellos.

Las relaciones de los humanos con los animales van de la infantilización (“Mi bebé, ¿dónde está mamá?”) a la crueldad absoluta (“¡Mátalo!”).Y podría hablar del elefanticidio que se está llevando a cabo en África porque los nuevos ricos en China quieren figuritas de marfil, pero nos pondríamos a llorar y esta Miscelánea se volvería trágica*. Así que quedémonos en situaciones de menor importancia, como las siguientes:

Los disfraces para perro.
Seamos honestos, casi nadie se ve bien en un disfraz, pero disfrazarse es una elección personal. Sin embargo, pocas cosas son tan vergonzosas como un perro disfrazado. Si te parecen cute, la próxima vez que veas a uno no te fijes en el disfraz, sino en la cara que tiene el pobre animal, y me darás la razón.

Las películas con animales o de animales, que no es lo mismo.
En el primer caso, el chimpancé, por decir algo, es contratado para que cuando falle un chiste, la cámara se enfoque en él y haga una cara “graciosa” para salvar la falta de guión, la falta de talento de los actores y la incapacidad del director. En el segundo caso, el perro, digamos, es el protagonista; por supuesto, es valeroso, encantador, inteligente y vive una gran aventura. La idea es que parezca un niño y te robe el corazón. Sí, ajá.

Los zoológicos narcos.
Que alguien me diga por qué tener un tigre en una jaulita habría de verse bien o
sería sexy. Nada de eso: los animales grandes en general huelen mal, usualmente se ven mal en ese tipo de cautiverio porque son descuidados y para que lucieran realmente habría que tenerlos sueltos en grandes extensiones de tierra. Pero entonces se corre el riesgo de que pase lo que sucedió con los hipopótamos de Pablo Escobar Gaviria, que mataron al dueño y los hipopótamos que tenía en su rancho se convirtieron en una plaga y una amenaza para la población.

El horror a los animales.
La mayoría de la gente ve una arañita y brinca, ve una víbora y grita, ve un animal y dice: “Aviéntale piedras o torturalo”. Simplemente no lo entiendo y no pienso comentarlo. El año pasado, cuando el pulpo Paul anunciaba a los ganadores en los partidos del Mundial, anunció la derrota del equipo alemán. Rápidamente, las redes sociales se llenaron de incitaciones a matarlo, freírlo o cortarlo “para hacer una ensalada”. Aunque eso quizás no cuenta, los fanáticos del fútbol generalmente no piensan.

Y no podía irme sin hablar de las prendas de pieles. ¿Quién puede comprarse un abrigo de pieles? Dos tipos de personas: Mujeres maduras que no se van a ver sensuales por traer un oso encima, y mujeres jóvenes, ricas o con novios ricos, usualmente muy guapas, que incluso si salieran con pijama se verían espectaculares. No hacen falta las pieles ¿o sí?

Pilar Ortega

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