Editorial / Noviembre
Tornamesa - 9 noviembre, 2011 - 0 Comments
En fechas recientes se ha dado una curiosa coincidencia: Dos intérpretes de música pop fueron considerados merecedores de un galardón por su trabajo literario. Bob Dylan fue un serio contendiente por el Nobel de Literatura y Leonard Cohen obtuvo el Príncipe de Asturias.
Pero las coincidencias no paran ahí: Ambos cantautores (la palabra es horrible pero no encuentro otra que describa mejor lo que son) pertenecen a la misma generación: Dylan tiene 70, Cohen 77; ambos han publicado novelas; ambos son tránsfugas del judaísmo (Dylan hacia el cristianismo, Cohen hacia el budismo); los dos han llevado vidas azarosas y atormentadas y, sobre todo, los dos han sido, cada quien a su manera, voceros puntualísimos de la revolución social y espiritual que comenzó en los años sesenta y de la que aún quedan los estertores.
En una época en que la poesía escrita ha dejado de ser relevante, sólo la música es capaz de conectar a la gente con esa otra expresión del lenguaje que no es la prosa y que siempre sirvió para comunicar sentimientos e ideas inexpresables de otra manera. Si no me creen, pregúntense cuánta gente conocería a Machado sin Serrat o si se saben algún poema completo, como sí son capaces de recitar la letra de alguna canción de Lennon o de Soda Stereo.
Pero más allá de esta consideración, nominaciones así evidencian un cambio de guardia generacional. Los jueces que ponen su mirada (y sus oídos) en estos artistas no pueden ser ya los rígidos y anquilosados señores que siempre hemos visto en esos puestos y ellos, como el resto de la gente, han crecido con esta música y estos versos subiéndoles por la piel y plasmando lo que piensan y sienten. Qué bueno.
Mauricio Hammer
Esto no termina aquí...
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Etiquetas: Bob Dylan, featured, Leonard Cohen, Tornamesa






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