Aún brilla el Diamante Loco
Artículos - 14 febrero, 2011 - 0 Comments
No se sabe con exactitud qué fue lo que hizo estallar sin remedio la mente de Syd Barrett, el vocalista, guitarrista y compositor inglés que tuvo una efímera pero determinante participación en la banda que junto con su compañero Roger Waters fundó en 1965: Pink Floyd, la agrupación que a la postre se convertiría en uno de los referentes más importantes de la música contemporánea.
Por Alejandro Rojas Luna
Roger Keith Barrett, autonombrado “Syd” en reconocimiento a un viejo baterista de su adolescencia, fue el guía musical del célebre grupo durante sus primeras producciones: The Piper at the Gates of Dawn (1967), material imbuido en sonidos psicodélicos y referencias espaciales que ya atisbaban los planos de conciencia que interesaban al artista, y A Saucerful of Secrets (1968), trabajo donde se intentaba dar continuidad al debut, aunque el errático y difuso contacto del músico con la realidad limitó su labor y terminó por hacer insostenible su permanencia en Pink Floyd, lo cual abrió la brecha a paulatinos cambios en el sonido, mientras se incorporaba David Gilmour (quien, por cierto, después apoyaría el último envión artístico de Syd, participando en la producción de los discos The Madcap Laughs, de 1969, y Barrett, de 1970).
Después, vino el abandono de la música para siempre. La vida de Syd (quien aparentemente padecía esquizofrenia, trastorno bipolar, síndrome de Asperger o psicosis, y posibles cuadros médicos agravados por el abuso de LSD) es triste, aunque su música dista mucho de serlo, como se aprecia en esta compilación de iniciación básica donde David Gilmour –quien funge como productor ejecutivo– realizó una labor de restauración y complemento de distintos pasajes representativos de la creatividad de Barrett, tanto con Pink Floyd como en su etapa solista.
Así, canciones como “Octopus”, “She took a long cool look”, “Dominoes” (con excelente órgano análogo) o la versión original de “Matilda mother” (misma que en la edición del 40 aniversario del The Piper at the Gates… posee otras características), fueron remezcladas en los estudios Astoria para renovar, entre otros detalles, la vibración de las guitarras, en su mayor parte acústicas y joviales, además de la voz que conserva su halo de ternura, fragilidad y nostalgia. “Arnold Layne” y “See Emily play” se cuentan entre las canciones digitalmente remasterizadas.
En ellas la psicodelia surca el espacio exterior por medio de pulsaciones en el órgano y el jugueteo sostenido con las notas del bajo, mientras que la carismática “Bike” representa y mantiene la conjunción del surrealismo y la fascinación ante lo mundano. Un corte que merece mención aparte es “Here I go”, a la cual se le añadió toda una pista de bajo para acentuar el aire campirano y desenfadado que desde siempre ha emitido, mismo que da cuenta de los distintos tonos con los que Barrett era capaz de maniobrar cuando tenía control de su química cerebral.
Si bien el 7 de julio de 2006 se extinguió la vida del denominado “Diamante Loco”, como lo apodaron sus ex compañeros de Pink Floyd en la emblemática “Shine on you crazy diamond”, del disco Wish You Were Here (1975), lo cierto es que en esa banda él siempre será el comienzo.
Syd Barrett.
An Introduction to Syd Barrett.
Harvest, EMI Music, 2010.
Esto no termina aquí...
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