La crítica tenía a The Chemical Brothers a un paso del olvido. Mas su séptima placa revive con dignidad su nombre y trayectoria, dando constancia de que los vasos de precipitados electrónicosdonde preparan su música están llenos y listos para seguirse usando.

Por David Meléndez

Continuidad: Unir las partes de un todo. Si nos aferramos al significado exacto de las palabras, el dueto británico logra esta vez una placa completamente homogénea, donde muestra que su creatividad permanece afilada y que las malas lenguas de sus detractores pueden callarse por completo tras la taquicardia de su anterior trabajo, We Are the
Night
(2007).

La primera cuña de sorpresa la genera la ausencia de voces y talento externo invitado para “embellecer” las canciones principales. Después de lograr memorables colaboraciones con todo tipo de prestigiosos vocalistas, Ed Simons y Tom Rowlands decidieron sabiamente cocinar sus propias melodías. Así, ambos lograron la continuidad que yacía extraviada desde hacía varios años en su música. Incluso, Rowlands trabaja en esta ocasión ciertas vocales y, por si fuera poco, los ocho cortes del álbum reciben su propio video (incluidos en un DVD extra en la edición especial del disco), una tendencia que está muy en boga dentro de la
industria.

Es cierto: A lo largo de 18 años, infinidad de fanáticos de TCB han tirado la toalla y los han tildado de repetitivos.
Pero Further es el link idóneo para reconectar el gusto con uno de los esqueletos de la música electrónica, que le puso puente a la relación del dance con el indie. Tal vez Orbital, The Prodigy y Underworld estén difuminados, pero estos Hermanos Químicos pueden jactarse de tener abierto el laboratorio, con los reactivos listos para mezclarse y generar
nuevas sustancias.

El regreso a sus estándares se da de la mano de sus artilugios sonoros de toda la vida. Mientras en otros proyectos la novedad se exige por regla, TCB poseen la capacidad de lustrar una idea ya utilizada y adecuarla al presente. Ahí están los momentos épicos que sobrepasan los diez minutos (“Escape velocity”) y cabalgan sobre un crescendo interminable (al más puro estilo de “Star guitar”); también resaltan los ajetreos melódicos como sacados de clubes de Ibiza (“Swoon”) con scratch incluido, sin faltar un efecto de turbina que parece hacerse más y más agudo con el paso de los segundos y que termina generando tensión a punto del desboque. La pista de baile cobra sentido junto a “Horse power” (un hijo bastardo de “Hey boy, hey girl”) con goteos constantes del techno más rasposo de Detroit, mientras que “K+D+B” trota entre el recuerdo de My Bloody Valentine y la urgencia seminal de lo alternativo con cierta cercanía al krautrock.

Se agradece que a estas alturas, el dúo no haya picado el anzuelo de la electrónica de clubes nocturnos y playas paradisíacas. Prácticamente pueden vivir de sus regalías y pasarse la vida viajando por los cinco continentes, trepados en la facilidad del dee jay set para mantener vivo su nombre y recibir su respectiva dosis de aplausos y adulaciones; sin embargo, han decidido apostar a algo nuevo.

Further es cálido y se escucha como una sola pieza. Sencillo, austero, listo para poner play y regresar al reproductor 50 minutos después con ganas de oirlo nuevamente.

9.1

The Chemical Brothers

Further

Astralwerks/Parlophone, 2010